Lo indudablemente posible

yedisonamalfiVoltaire relata en el optimismo filosófico que Cándido fue aprehendido en territorios Búlgaros, atacado y arrojado a un calabozo. Luego le preguntaron si prefería ser baqueteado treinta y seis veces o recibir una sola vez doce balas de plomo en el cerebro. No queriendo ni lo uno ni lo otro, y a pesar de creer en el libre albedrío, hubo de escoger, y decidir en virtud de la libertad, pasar treinta y seis veces por las baquetas.

Así estamos hoy los Colombianos, “rodeados de búlgaros”: unos apostando a las balas para “aniquilar” a los terroristas –acción que ya la historia desvirtúa por ineficaz–; y otros, soportando las baquetas para asumir el compromiso de construir país. Sobre el optimismo, la paz y el contraste de la división quiero escribir esta vez.

El reciente y previsible inicio de la agenda pública (con el Ejército de Liberación Nacional –ELN–) para darle una solución dialogada al conflicto armado, y los significativos avances en la mesa de La Habana –inmersos en mantos de dudas–, alimentó más la idea de que poco a poco nuestro país va entendiendo que la política y la violencia no deben estar ligadas; no obstante, debemos entender también que la violencia es inaceptable en todos las dimensiones de nuestra vida: en el fútbol, en la familia, en la protesta social, por ideologías, creencias, raza o sexo etc. No puede concebirse justificación alguna para vulneración la integridad o la vida de una persona con el fin de realizar intereses individuales o colectivos.

Nuestra nación debe empezar a desligar de la esfera pública y –ojo– también de la privada, la corrupción -que tantas vidas y oportunidades ha cobrado-, la indiferencia ciudadana por los asuntos que inciden en el rumbo del país, la subasta gradual de nuestros recursos por intereses particulares-transnacionales y la manipulación mediática que implanta en buena parte de los colombianos el pesimismo ante cualquier medida. Todo eso, va en detrimento de nuestra democracia, la más sólida de Latinoamérica.

La transparencia, la legalidad y la seguridad no se pueden limitar a meros indicadores, los servicios, la burocracia y los bienes públicos para el desarrollo no son mercancía, prevenga o privilegio; son derechos y herramientas para servir a las personas y nuestro compromiso debe ser administrar con coherencia, neutralidad y eficacia ¿Idealista el asunto? tal vez, ahí está el reto, tenemos que cumplirlo; sino, ojalá la patria y en especial las generaciones futuras -como dice el adagio- lo demanden y condenen.

Construir paz con innovación social, con políticas económicas, sociales y ambientales que garanticen a todos las oportunidades para el desarrollo integral; que permitan proteger las libertades de los ciudadanos y brindar oportunamente la seguridad y la justicia, son loables artificios que corren el riesgo de ser maquillaje de los discursos politiqueros. Sin embargo, aunque la palabra es propulsora de cambios, no todo radica en la retórica, también hay que actuar; y no, después de las firmas, sino ahora, en el instante y mañana todo el día, y pasado mañana (...) porque edificar el equilibrio que nuestro país merece es una decisión personal, diaria, necesaria e indelegable.

Finalmente quiero ser proactivo y optimista con el contexto histórico que convoca a las nuevas y viejas generaciones a ser agentes de cambio y transformación. No quiero decir que haya que dejar de ser críticos con la realidad que hoy vivimos: difícil, problemática, injusta, desigual etc. No obstante, para ensalzar nuestra protesta se puede llevar también un mensaje de esperanza con acciones de trabajo conjunto, porque si bien es cierto que no hay mal que dure para siempre, también lo es en este caso, que todo futuro mejor es indudablemente posible.

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