La muerte de una librería

En un centro comercial cualquiera, entre locales para todos los gustos y necesidades, y entre un mar de personas que mueven sus cuerpos a un ritmo trepidante, hay una librería imponente y tradicional, pero que hoy se ve pequeña por una palabra lapidaria escrita en una de sus ventanas: L I Q U I D A C I Ó N.  

Asistimos al funeral de una librería. O quizás a la manifestación del último síntoma de su enfermedad terminal. O tal vez a su último día de existencia, o a esos momentos de agonía que solo sirven para despedirse. La muerte.

La ceremonia tiene sus dolientes. Algunas almas lectoras, de clientes de toda la vida, asisten al proceso de velación, acaso homenajeando algo que les dejó ese lugar. También están los curiosos, más atraídos por los descuentos que por las exequias de la librería. La figura del oportunista la encarna un niño, que lejos de su madre busca quedarse con parte de la herencia: acecha varias enciclopedias ricas en dibujos coloridos y caricaturas de otro siglo.  

Quien se encarga de todo el rito es el dueño de la librería. Está de muy mal humor. Recibe a las personas, dice los precios y vende los libros. Hace todo esto con una cara entre la tristeza y la desgracia, entre la rabia y la derrota. Las condolencias son inútiles, él solo se quiere ir de ahí. Quién sabe qué recuerdos de bonanza y prosperidad le produjo la literatura. Recuerdos que ahora se le están escurriendo al ver al negocio sufrir su último fracaso.

El lugar está lleno de estantes casi vacíos. La soledad que se siente en este lugar es muy parecida a la de los libros en esos estantes: solo hay libros viejos, raídos, con las páginas ya amarillas y no muy interesantes. Quedan recetas de comida, tratados de comunicación y publicidad del siglo pasado, cuentos de autores desconocidos y una que otra joya mordisqueada por ratones e insectos con buen gusto literario.

Los libros de 50.000 pesos están a 12.000. Los de 70.000 a 24.000. Hay una fila de 4 personas cargando varios textos demasiado baratos, los últimos que esta librería va a vender. El dueño recibe la plata de mala gana y despide a los libros. Su único consuelo es que al menos no van a pasar por la cámara de cremación.

La librería murió. Pero a la librería también la mataron. La mató la gente que ya lee cosas cortas y la que solo lee en Internet. O simplemente la mató la gente que no lee. La mató el mundo actual en el que no tenemos tiempo para nada. La mataron las malas estrategias de difusión y de posicionamiento en el mercado, y las personas que compran libros en otro lado.

Total: ya murió. Ya sale el dueño y le echa candado al local de la librería. Y se va.

 Quizás el certificado de defunción va a decir algo como:  

Pasó a mejor vida el día __ del mes _____ del año 2017. Es uno de los últimos ejemplares de una especie en extinción. Padeció de nostalgia aguda, inflamación de palabras y frases crónicas.


Tal vez esto también es lo que va a decir el epitafio.






Pasaron dos semanas. No hay rastro de que ahí había una librería. El local está en alquiler.

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4 Comentarios

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    Marisol trujillo 01 de noviembre de 2017

    La absoluta verdad juan completamente de acuerdo yo tambien he asistido a varios funerales de todo tipo. Pero las librerias son Para mi de los mas tristes ya que hacen parte de mis lugares favoritos, donde el olor a los libros nuevos te atraen como la miel a las abejas. El estado relajacion y paz que te produce el entrar en una iibreria no me podran negar que eso es pura felicidad. Estos lugares magicos que encierran tantas maravillas por escubrir por que que sentido tiene darle clip y bajar tu libro en tu tableta o que te llegue a la puerta de tu casa eso no tiene nada de magico. La verdad es una gran pena lo que la tegnologia en un abrir y cerrar de ojos esta desplazando a tantas cosas y lugares y claro tambien somos los directamente responsables de estos cambios al hacer parte de esto. Te felicito Juan gran articulo.Y gracias por recordarnos que aun podemos hacer algo con tan solo comprar y disfutar de un gran libro en una de las pocas librerias que queden.

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    Carlos Alberto 01 de noviembre de 2017

    Que dura realidad Y es verdad lo de este articulo Ya he visto cerrar 3 de mis mejores librerías Creo que es la globalización Y no la piratería que creímos que era lo que haría que las librerías cerrarán Ojalá que esta poesía solo quede con las otroras mal manejadas administradores poco competentes que a la postre tampoco leían Disculpa si escribo duro pero creo que ese es mi sentir. Gracias por compartir esta reflexión sobre las librerías de antaño

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    John Sepulveda 01 de noviembre de 2017

    Es el mismo fenómeno que ha pasado con algunos periódicos y revistas. Incluso con las tiendas de música donde se vendían CD´s, con los sitios de alquiler de películas, pero debido al afán de los tiempos actuales, y la facilidad de la tecnología, iremos asistiendo a mas funerales con cara de LIQUIDACION. Gran relato Juan

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    Jorge sepulveda 01 de noviembre de 2017

    Estupendo es la cruda realidad de lo que hoy pasa en este país todo se lo roban y por esto la justicia se acabo y todo se va en bulla. Felicitaciones juan

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