La magia, el olvido y la nostalgia de un paraíso colombiano

Estando el cielo completamente oscuro, llego a la Terminal del Norte de Medellín con la intención de emprender mi viaje. Me dirijo a un lugar que siempre me ha atraído por ser, aparentemente, diferente al resto del país; por figurar, como es habitual, en las noticias más tristes. El Chocó me espera. Quiero saber si todo es tan malo como los medios lo describen, si todo es desesperanza y pobreza, o si, por el contrario, hay algo que resaltar y valorar.

Sale el bus repleto de gente y la oscuridad no me permite percibir mucho del paisaje. Aun así alcanzo a notar cómo bordeamos las montañas y siento, horas más tarde, que descendemos al Urabá caliente. En la madrugada llegamos a Necoclí. Por fin me encuentro con el mar, y sin embargo me sorprendo al toparme con unas aguas por completo oscuras y llenas de sedimento, más parecidas a las de un río que a las del mar. Afortunadamente, estoy de paso por este paisaje desapacible. Emprendo rápido, junto a mis compañeros, el viaje en bote hasta Capurganá. Son poco menos de dos horas de bandazos constantes, rompiendo las olas. Durante todo el trayecto imagino que navegamos en pleno mar abierto, pero si aguzo la mirada me doy cuenta de que nunca nos desamparan, a lo lejos, las montañas selváticas y rocosas.

Cuando nos acercamos a la playa, puedo presenciar la magnitud real de esas montañas que siempre nos acompañaron. Son gigantes de roca y flora, en un paisaje digno de cualquier paraíso tropical de película. Las aves colman el cielo y, lo que es más emocionante: poco a poco el mar se torna transparente y azul claro.

Al llegar a la bahía de Capurganá percibo un cambio inmediato con respecto al último pueblo que había pisado; en Capurganá no hay carros, son pocas las motocicletas, las construcciones se tornan simples, la humedad se siente en el cuerpo, la población afro y extranjera abunda.

Es un grato encuentro. Aquellas tierras están llenas de colores, de alegría y de tranquilidad. Los habitantes de Capurganá y Sapzurro irradian una felicidad combinada con tranquilidad que inmediatamente se contagian y que permiten disfrutar la estadía desde el primer minuto. Sin duda alguna reconozco que lo más impresionante de todo es la maravillosa fusión entre la selva tropical y el mar caribe. Esta fusión es la marca de un paisaje único en el país, en el que la vida natural florece en cada rincón de la selva y el mar.  

Así como hay tanta belleza, es evidente la falta de protección y la escasez de orgullo. A partir de los relatos que los más ancianos me cuentan, me queda claro que con cada año que pasa la naturaleza padece más las actividades del hombre. Y al caminar por playas y senderos la basura es parte infaltable del paisaje, se nota la agonía de los corales, que cada vez pierden su vida y su color, la vida marina se aleja de las orillas por el turismo desbordado. Lo más triste de todo es el poco esfuerzo de las autoridades por detener esta situación; una realidad que en unos años acabará con uno de los tesoros más bellos que tenemos no solo los colombianos, sino la humanidad entera.

Al finalizar el viaje, solo me resta decir que esta zona del Chocó, al igual que otros lugares del país como el Amazonas, es un destino imperdible para cualquier persona. Vivir esta experiencia, llena de caminatas, inmersiones, conversaciones con extranjeros y locales, y avistamientos de abundante fauna y flora, me permite concluir que suelen ser los lugares más olvidados por nuestro gobierno, los que resultan siendo más valiosos para conocer y habitar. Son espacios en los que, de verdad, podemos sentirnos completamente libres del agobio característico de nuestras vidas urbanas.

Las palabras de Santiago Gamboa expresan totalmente lo que sentí al llegar a los maravillosos pueblos de Capurganá y Sapzurro: “Llegar por primera vez a una ciudad es experimentar muchas cosas, pero sobre todo la magnífica sensación de ser libres”.

Te invito entonces a recorrer tu país y a vivir la libertad pura que un viaje te ofrece.

  • Twitter

0 Comentarios

Ingresa su mensaje

Dejanos su comentario..


Quiénes somos?

Bajolamanga es un medio de opinión informal y alternativo que invoca las palabras para detallar, a la luz de quien escribe, la caracterización de una situación particular que el columnista retrata.

Y así de diversas como son las palabras y las opiniones, así nos proyectamos nosotros, con una única consigna y afiliación: la de la pluralidad, la que permite hablar, debatir y construir a partir de la diferencia y el respeto.

Publicidad
image description
Suscríbete

Recibe nuestras columnas más visitadas del último mes y mantente informado de nuestros eventos proporcionándonos los siguientes datos.