Cuando el vientre no florece

No recuerdo haber sentido este agotamiento ayer… Todo ha pasado tan rápido. En mi mente un torbellino amenaza con arrastrar la poca cordura que me queda. Las palabras de mi madre retumban con un eco ensordecedor: “No duele, y si duele la alegría del momento lo borra todo”. Eso quisiera, regresar, borrarlo todo.

Desde niña se te prepara para el suceso, se te enseña cuál es tu rol: muñecas, cocinitas encantadoras, buenos modales. “Las niñas no gritan”, “deje de correr que parece un macho”. Pero me gustaba correr, correr me liberaba de no sé qué forma indescriptible, me permitía elevarme. Al final todo termina aquí, en este momento en que no sé cuál es mi camino, en que sé que amo pero también odio, y no, no está mal odiar porque la vida llega y la mía se va.

No nos está permitido dudar, porque esa opinión puede ser una aberración, un ataque a la moral. Cambiar tampoco, por eso, al leer textos viejos, siento que estoy atada a ellos, aunque hace ya mucho tiempo que no soy la que los creó. Puedo sentir este dolor y esta rabia, pero ¿puede ser pasajero? Al parecer, todas debemos vivir un camino de alegría y paz y mostramos serenas y satisfechas. No, no me siento en el jardín de las delicias, me duelen los pies, me arden los huesos, me pesan la vida y las decisiones. No siento renacer un instinto, no sé cómo reconstruirlo de entre estas ruinas en las que me he convertido.

Una vez vi el rostro de una madre cuyos labios sonreían temblorosos, pero sus ojos no podían mentirme: sufría, sufría horriblemente y debía aparentar un tedio feliz, un cansancio de realización. Yo no quiero sonreír, yo quiero que la mueca de dolor sea tan honesta, que las ojeras quemen, que las ganas de estar sola no necesiten explicaciones. Quiero sentir que ser mujer no depende de ello, que no somos dueños de nadie, que a veces ni nosotros nos pertenecemos… Estoy lejos de pertenecerme, estoy tan lejos de mí, que me sorprenden estas palabras, como si otro las dijera por mí, como si otro dominara mi cuerpo, mi alma.

La mujer sabe los secretos de la fertilidad, la intuición está siempre de su lado, alcanzaba a leer en un artículo. Yo ahora desconozco esa conexión, y me siento más en un sueño, en un letargo que me transporta sin siquiera yo hacer un esfuerzo por salir de él, por liberarme. ¿Qué pasa cuando uno se permite sentir esto, aunque sea unos minutos del día? ¿Por qué nadie nos enseñó que no está mal el conflicto, la contradicción, el miedo y la rabia?

No, no serás mi vida, no serás la razón por la que respiro… Te permitiré tener tu propio camino, no te cargaré con mis deseos frustrados, no dejaré que mis inseguridades sean tu cruz. Eres libre, porque me he permitido decir lo que muchos temen, aunque pueda ser apedreada por una ignorante muchedumbre enfurecida en la plaza. Porque tengo el derecho a sentir y a no sentir, a gritar y a llorar porque no siempre es grata tu llegada, al fin al cabo nadie más que yo, cargará el peso de vivir en este cuerpo. 

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