Al huir no se empaca

No puedo hablar por todos, pero puedo hablar por mí. No es la primera vez que me sorprendo ultimando detalles de una vida distinta, completamente distinta.

Otro clima, otro lugar, otros personajes, pero, en esencia, la misma Ana Sánchez.

No solo se trata de dejar la vida que tengo, y creo que de lo último que se trata es de evadir mis responsabilidades. Se trata de tener responsabilidades nuevas, de empezar pudiendo ser la mejor versión de mí misma que pueda ser. Se trata de dar mis propias primeras impresiones, que no las dé mi reputación, aún si esta es positiva.

Quizá es porque sobrevaloro la libertad, y porque me siento atada a mis decisiones pasadas; como si empezar una vida donde nadie me conoce me liberara del deber de actuar según la teoría de los actos propios. Me explico: actuar contra los actos propios, en derecho, es cambiar tus patrones de conducta; las personas a tu alrededor esperan que actúes como siempre has actuado, y a veces, tienen derecho a exigir que lo hagas.

Empezar de nuevo, sea en otra ocupación, o en la misma, pero en otro lugar suena a frescura, como estrenar vestido, pero es estrenar persona. Es desligarte de las expectativas e impresiones que otros tienen de quien has sido, para ser algo más allá de esos márgenes.

En mi caso, estas semanas he fantaseado con más start over de lo usual; no estando acostumbrada al fracaso, me he llevado un par de -muy merecidas- derrotas. Reflexionando un poco, si hubiese sido la Ana de mis  experiencias de start over, esa mejor versión capaz de dar y sostener las mejores primeras impresiones, no habría tenido que enfrentarme al fracaso. Todavía así, creo que eran lecciones que necesitaba y de las que sigo aprendiendo.

No sé si todos queramos empezar de cero porque nos enfrentamos a obstáculos que no pudimos sobrepasar, o que creemos que no podremos sobrepasar; no creo que siempre se trate de miedos y frustraciones, pero no queremos cambiar de vida por satisfacción con la realidad. Dudaría que quien realmente se encuentre satisfecho con la vida que lleva quiera desprenderse de todo lo que ha logrado, pero ¿aquel que está satisfecho es quien no ha cometido errores?

Como seguramente dicen, “todos somos humanos, todos nos equivocamos”. No creo que haya alguien que jamás haya sentido temor, o visto con angustia sus fracasos. Eso sí, las personas realmente valientes, disciplinadas y seguras son aquellas que se sobreponen a sus miedos y que aprenden las lecciones que sus fracasos deben enseñar.

Es así como decidí desprenderme de la vida en París con un viejo amigo, que siempre fue más que un amigo y de la vida en Milán en ese despacho de abogados que siempre me ha ofrecido ser mi segundo hogar. Vi que no solamente no quiero escapar de mis derrotas, sino que si llegara a hacerlo, tendría que renunciar a todos mis triunfos o a gran parte de ellos.

A veces uno no elige qué lleva en el equipaje; escapar de mi vida no solamente significa empezar sin mis fracasos, significa empezar de nuevo sin mis triunfos y quizá sin mis lecciones. Por eso, al final, prefiero quedarme.

Foto: Ministryofdeco
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