Economía en la era Fajardo

Sergio Fajardo, el candidato de la coalición Fajardo-Robledo-López, dio a conocer los ejes de su programa de gobierno recientemente. Sobresale en su documento de 27 páginas la presencia de un programa económico transversal a todas sus propuestas. Toca temas fiscales, comerciales, de capital humano y de desarrollo sostenible. El programa tiene varios aciertos, pero también constituye un listado de buenos deseos más que un programa de propuestas factibles.

Uno de los tres grandes aciertos del programa económico de la Coalición Colombia es su énfasis en la educación y la investigación. Tener mano de obra calificada es de los principales mecanismos para el progreso económico de la sociedad. Las personas que son lo suficientemente educadas como para desempeñarse en el mundo laboral no requieren asistencialismo y prosperan gracias a la puesta en práctica de sus talentos y conocimientos. La colectividad acierta en decir que su principal foco es la infancia. Los universitarios ocupan el ojo público con sus demandas de calidad, pero lo cierto es que la prioridad deben ser los niños. Los primeros niveles de educación determinan las habilidades más básicas de las personas.

El segundo gran acierto es considerar la provisión de bienes públicos, incluyendo infraestructura, como uno de los grandes ejes de crecimiento. Este elemento debe ser asumido como política de Estado y no solo como plan de gobierno. El rezago de infraestructura del país es uno de los causantes del olvido de muchas regiones y su baja competitividad. Es fundamental hacer cambios  y dar continuidad a las obras. Otras propuestas como facilitar trámites y acceso a información de mercados son formas de aumentar la eficiencia del aparato productivo y Fajardo hace bien en contemplar estas medidas.

Finalmente, es muy positiva la transparencia con la que el programa afirma que se necesita un mayor recaudo y una transición de impuestos indirectos a directos. Comparados con países más desarrollados, en Colombia la tributación efectiva es baja, y una transición progresiva que grave más los altos ingresos y pensiones y menos a la actividad económica, es un paso en la dirección correcta para la economía y la capacidad estatal.

A pesar de que ningún programa de gobierno es particularmente detallado, y menos en este momento de las elecciones, el grueso del documento parece siempre querer lo mejor de dos mundos e ignorar los costos de cada decisión. El programa mezcla deseos de mayor competitividad con asistencialismo a instituciones ineficientes: la coalición reconoce los problemas del agro y la falta de diversificación exportadora, pero sostiene que al mismo tiempo puede proteger y fomentar la agricultura campesina en lugar de la tecnificada e industrial. Si se quiere preservar la tradición agrícola indígena y campesina, no se puede pretender que estos modelos de siglo XVII compitan en el 2018.

De igual forma, la minería se reconoce como necesaria. Más aun, es clave para las necesidades fiscales que tiene el país y que Fajardo desea aumentar. Sin embargo, apoyar una minería que “proteja el ambiente, proporcione empleos, genere encadenamientos productivos, transfiera tecnología, y respete a las comunidades locales” al mismo tiempo que genere grandes ingresos, es (literalmente) increíble. Igual de inverosímil es pensar en un sistema de transporte eficiente y una infraestructura nacional desarrollada sin recursos privados. El documento no hace mención a concesiones o peajes; en cambio sí lo hace a precios de referencia de transporte, lo que recuerda el gran desastre para la competitividad que ha sido el sistema de fletes.

Finalmente, y en donde se evidencia más la mano de Jorge Robledo, es el tema del comercio. El programa de gobierno de Fajardo muestra un tinte proteccionista cuando dice que “el Estado será amigo y socio de la industria y el agro nacional”. Naturalmente, como cualquier grupo de interés nacional, el Estado vela por los grupos económicos locales; pero una ‘amistad y sociedad’ tan explícita suena a proteccionismo comercial. Si el Estado asume el papel de escoger ganadores y perdedores en el mercado mundial, no está permitiendo que el comercio mejore la eficiencia de la economía. Un programa proteccionista con obsesión de exportar, como constantemente lo repite el documento de la Coalición Colombia, requiere de grandes subsidios al agro y la industria. Esto no mejora la competitividad sino la dependencia del Estado, y son los contribuyentes los que pagan por ello. Si la provisión de bienes públicos va a ser tan completa como prometen, no hay necesidad de recurrir al proteccionismo y al asistencialismo.

El programa económico de Fajardo causa pocas sorpresas. Es una amalgama del discurso anti-corrupción de Claudia López, la prioridad a la educación de Fajardo, y la política comercial de Robledo. Colombia se beneficiaría de una mejor educación y un sistema tributario, pero preocupa la ingenuidad con la que asumen que una agricultura artesanal y un comercio menos abierto puede funcionar en Colombia, cuando la teoría y la evidencia son claras mostrando lo contrario.

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