Inversión y turismo en Medellín, más allá de Narcos

El impacto del narcotráfico y el culto a la imagen de Pablo Escobar son fantasmas con los que todavía carga la ciudad. Es un legado que se supera pero nunca se entierra. De hecho se visita y visibiliza a través de producciones de televisión locales y extranjeras, cuyos consumidores somos, de igual forma, locales y extranjeros. Aunque este lastre de la historia no parece desaparecer, también es cierto que ha disminuido. Hay muchos mitos que rodean la percepción de Medellín ante el mundo y la forma como se relaciona con el turismo y los mercados internacionales.

Visitas de celebridades, cuyo trabajo requiere que sean populares mas no cultos o inteligentes, dejan claro que hay un componente de cultura pop que quiere consumir narco historias. Una alternativa frente a esto es tratar de ocultar la historia, pero pasar la página no es lo mismo que enterrarla. Es muy difícil y además indeseable, ocultar la historia. La mayor utilidad del registro del pasado es aprender de él para el futuro. Encausar la cultura pop para que ayude a contar una versión que haga homenaje a las víctimas e impida la repetición es una mejor alternativa a tapar el sol con un dedo. Hay incluso algo de justicia poética en el consumo de la narco historia. Tal es el caso de Carlos Palau, ex-policía que ahora es guía de narco turismo. La tumba de Escobar provee para la familia de quien trabajó en su caída.

Más allá de si la narco cultura puede o no ser útil para la superación de la misma a través de su banalización, está la cuestión de cuán grande es su papel en Medellín y cuál es el papel de Medellín en el mundo. La respuesta a la primera pregunta es que no es tan grande como se piensa; mientras que el de la segunda es que cada vez es más grande (pero falta). Los datos sugieren que los extranjeros visitan a Medellín para mucho más que comprar cocaína y sexo, y el clima de negocios es bueno y viene mejorando.

Datos de la alcaldía muestran que las visitas de turistas a Medellín ya superan las 700.000 al año. Los mismos datos muestran que los turistas extranjeros son un poco menos de la tercera parte del total, y aun así dejan el doble de ingresos que los nacionales. De modo que pensar solo en los mochileros del Lleras que llegan a hostales a hacer y deshacer no es una generalización acertada. El grueso de los visitantes extranjeros está dejando sumas considerables en museos, restaurantes, hoteles respetables, y atractivos turísticos legales. Es importante que Medellín no estigmatice al extranjero como un vicioso que se siente morbosamente atraído a la ciudad de Pablo Escobar, sino que mantenga la característica cercanía con la que recibe a la gente de afuera. En esa gente hay potencial para mejorar la ciudad.

Si alguien piensa que la inversión extranjera que llega a Colombia va solo a petróleo y minería, no ha visto los datos. En Medellín, el 80% de la inversión es extranjera (según la Agencia de Cooperación e Inversión de Medellín y el Área Metropolitana), y se destina a manufactura metalmecánica, agroindustria, e infraestructura. A falta de que los medellinenses ahorren e inviertan en su propia ciudad, son los extranjeros los que lo hacen. Esto es algo que no pasaría si de verdad creyeran que Medellín es una narco ciudad. Más que comercio de drogas, las empresas ven en Medellín un ambiente de negocios y desarrollo urbano ejemplar en Colombia.

Mal haríamos en creer que todo está bien y que la reputación que nos ganamos (sí, es merecida), se puede y debe tapar, pero sería aún peor caer en el regionalismo y aislarnos del exterior por creer que ‘acá los gringos solo vienen a meter coca’. La realidad es que la plata de esos ‘gringos’ en Medellín es cada vez más, y es supremamente útil para la calidad de vida de la que se jactan tanto los países llegue a más que un par de barrios. La realidad es menos escandalosa de lo que pintan, y puede ser todavía mejor si nos abrimos más.

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