¡Qué animales!

Recorriendo el Quindío, tuve la oportunidad de conocer un proyecto maravilloso: Ensamble Mágico en La Aldea del Artesano, un lugar donde se recorre la tradición precolombina desde la artesanía, allí, elaborando un palo de agua, en medio de conversaciones e historias, Ángela, nuestra anfitriona, nos contó la importancia que tenían los animales y su simbolismo en la cultura Quimbaya, tema que llamó mucho mi atención.

Revisando un poco sobre la cultura precolombina, encontré Animales Mitológicos, de Antonio Grass, un artista y diseñador santandereano, que en su libro plasma el resultado de una investigación sobre el arte precolombino en torno a los animales. Grass narra cómo el hombre precolombino estuvo ligado a la compañía de los animales; en la Colombia precolombina se nacía con la protección de un animal, se convivía, se amaba con ellos, y se moría con uno. Los animales fueron representantes de la vida, la muerte, del día y la noche, del sol, del amor, de la fertilidad, la fuerza, la belleza; los animales, fueron designados mensajeros para lo eterno, guardianes de la moradas de los dioses.

De ahí, que por su poder simbólico, los animales fueran plasmados en objetos de cerámica, oro, piedra; para mantener vigente su significado de valores y principios en los que se fundaba su sociedad, características como su energía, agilidad, astucia, nobleza, belleza, alegría y colorido, forma de organización social, fueron fuente de inspiración. El jaguar por ejemplo, era el símbolo de América precolombina, representante del poder sexual, símbolo de la protección y la fuerza; las serpientes, símbolo de la fertilidad de los hombres y la tierra, como espiral simbólico de lo eterno, y en movimiento, símbolo del agua, y así con aves, ranas, insectos, murciélagos, peces y demás animales. Toda una construcción simbólica, elaborada a partir de la observación respetuosa, de la capacidad de asombro, del entendimiento sabio y la admiración sincera, realizada sobre las cualidades de los animales.

Frente a este legado, y al preguntarse por nuestros valores y símbolos como sociedad, por esos pilares que nos guían, que nos mantienen cohesionados y encaminados para afrontar el futuro, lo que se encuentran hoy son símbolos jocosos de los antivalores.

El mico, se convirtió en animal nacional, símbolo de las tramoyas en la elaboración de las leyes, usado para explicar cómo se logran beneficios particulares mediante la manipulación astuta del ordenamiento jurídico.

El elefante, en Asia, símbolo de fuerza, honor, estabilidad, paciencia, felicidad, prosperidad, pasa de representar la transparencia, a ser una obra pública que tiene un impacto negativo para la comunidad, debido a que ha sido abandonada o que esta inconclusa, y sus costos superan los beneficios. Es decir, símbolo del abandono, la corrupción y la incompetencia.

El conejo, símbolo de la prudencia, la humildad, la sensibilidad, la agilidad física y mental. Para nosotros es símbolo del engaño, de la trampa, de la falta a la palabra. Así también la abeja y la avispa, que las asimilamos con orgullo a la destreza para la estafa y el fraude, la habilidad de conseguir lo que queremos, pasando sobre los demás.

La paloma sí que la tiene difícil, por un lado su homónima y honorable senadora la pone en aprietos con cada disparate y corta visión de Estado. Y como símbolo de la paz, ha sido rebajada y subvalorada por la escasa compresión que tenemos sobre el significado de la paz para una sociedad como la nuestra.

Con todo esto, es posible apreciar un vacío en nuestra sociedad, y no lo digo para referirme a los animales mitológicos (aunque, no en vano los eligieron como símbolos). Lo digo, refiriéndome a los valores y principios que deberíamos tener en nuestra cultura. La cultura guarda un gran poder de conducir y preservar a una sociedad, entre más cimentada se encuentre en unos valores poderosos, más capacidad tendrá para cohesionarla y para transitar por los caminos que elija y llegar a los destinos que se proponga. Esta ausencia, en parte, sirve para explicar por qué no hemos podido construir un proyecto de Estado, o por qué nadamos en mares de corrupción, o por qué los bajos niveles de legitimidad de la clase política que todos elegimos, y así, con muchos otros temas de fondo que nos afectan.

Urge en nuestra sociedad crear y simbolizar un conjunto de valores que sean base de nuestra cultura, que nos sirvan de guía para la acción, de criterio para decidir, pero por sobre todo, para mirar hacia el futuro y tener claro el destino y apostar con decisión por él. En este reto, al igual que a quienes nos precedieron, los animales nos pueden seguir acompañando, enseñando y resguardando.

  • Twitter

0 Comentarios

Ingresa su mensaje

Dejanos su comentario..


Quiénes somos?

Bajolamanga es un medio de opinión informal y alternativo que invoca las palabras para detallar, a la luz de quien escribe, la caracterización de una situación particular que el columnista retrata.

Y así de diversas como son las palabras y las opiniones, así nos proyectamos nosotros, con una única consigna y afiliación: la de la pluralidad, la que permite hablar, debatir y construir a partir de la diferencia y el respeto.

Publicidad
image description
Suscríbete

Recibe nuestras columnas más visitadas del último mes y mantente informado de nuestros eventos proporcionándonos los siguientes datos.