Adiós a las armas, que vuelva Uribe

Hay una necesidad imperante que surge a partir de la entrega de 7.132 armas por parte de la guerrilla de las FARC a la misión verificadora de las Naciones Unidas, con miras a un proceso de desarme que continuará con la revisión y el desmantelamiento de un importante número de caletas y las armas que aún se tienen en las Zonas Veredales como respaldo a la seguridad de estos espacios; una premisa que reclama el país luego del fin del desminado humanitario que avanza con éxito gracias a la operación conjunta del ejército y guerrilla, logrando presentar municipios como Nariño, Guatapé, La Unión y San Carlos, que anteriormente tenían sus tierras llenas de explosivos, como municipios libres de minas. 

Luego de estas grandes noticias para nuestro país, será fundamental el regreso al poder de Álvaro Uribe Vélez, o por lo menos de alguno de sus lacayos, que se dedique a replicar lo que él le dicte. Uno manso, no como el rebelde de Santos que a pesar de continuar favoreciendo a la clase alta a la cual pertenece, tuvo un pequeño error, uno histórico: desarmar a la guerrilla más antigua de América Latina.

El regreso al poder de Uribe será clave: sin el sonido de las bombas, sin la destrucción de pueblos y las alarmantes cifras de muertes violentas que engrosaron sus dos períodos presidenciales, los titulares de prensa se podrán centrar en temas más significativos para el país como la inversión agrícola, el regreso quizá de Agro Ingreso Seguro o de las olvidadas zonas de riego que extrañamente atraviesan sus propiedades en la sabana de Córdoba. Con la falta de poblaciones atacadas por la guerrilla y la ausencia de pescas milagrosas en las carreteras, tal vez para los medios de comunicación será más importante informar el gran número de personas interceptadas ilegalmente por el simple hecho de pensar distinto al gobierno, o será más fácil informar que a la Casa de Nariño ingresaron narcoparamilitares a reuniones de las cuales no salió nada productivo. Quizá, muy para el bien de todos, saldrá el polvo que escondido bajo el tapete gris de su gestión.

Un tercer período bajo el gobierno del señor del Ubérrimo sería una invitación en bandeja de plata dirigida a las grandes mineras, esas que bajo la excusa de la importancia de la inversión extranjera, continuarán talando las selvas ahora sin guerrilla. También representaría una oportunidad para reducir aún más el pago de las horas nocturnas, bajo la justificación de contrarrestar el desempleo que nunca logró estar por debajo de los 2 dígitos en sus períodos presidenciales. 

Para finalizar, necesitamos que regrese Uribe al poder, para que bajo su gobierno las bandas criminales, esas de las que no hace mención alguna en sus afanados tweets de seguridad y que fueron  conformadas después de la “desmovilización” de las autodefensas en su gobierno (entregando menos de un arma por desmovilizado), comiencen un proceso serio de desmovilización en algún latifundio costeño, donde lo importante sea que la verdad sobre las víctimas se traslade a las cárceles de Estados Unidos, las armas entregadas sean de palo y que el proceso de seguimiento y verificación lo realice cualquier organismo, excepto uno internacional con la seriedad y solidez de las Naciones Unidas.

Por esto y mucho más queremos que en 2018 gane el que diga Uribe.

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