Ni una más

Me gusta escribir sobre temas no muy comunes o poco frecuentes, asuntos que no sean muy comerciales en los medios ni que estén causando gran revuelo en un momento determinado. No me gusta tratar temas que puedan causar discusiones innecesarias por opiniones dividas. En el mundo actual es difícil no herir los pensamientos que muchos defienden a muerte, hay algunos personajes que, como decimos en Medellín, se “delican” muy fácil al criticar o simplemente estar en desacuerdo con lo que a ellos les gusta; la política, la desigualdad de género y la religión son algunos de esos temas que generan esas peleas tan absurdas.

Pero no me concentraré en contar qué me gusta y qué no. Quiero hablar acerca de una situación muy delicada la cual, casualmente, va en contra de ese gusto hacia las temáticas poco desarrolladas. Lo hago no por defender el feminismo sino por defender a las mujeres.

A mujeres como mi mamá, mi abuela o mi novia les pudo haber pasado lo que le ocurrió a Mara Fernanda Castilla, una joven mexicana cuyo cuerpo fue encontrado envuelto en una sábana el pasado 15 de septiembre. Aparentemente fue asesinada por el conductor que la llevaba a su casa. Aparentemente no, fue asesinada por un tal Ricardo “N”, empleado del servicio de transporte privado Cabify, el servicio fue solicitado por la joven de 19 años en un bar para poder llegar a su casa sana y salva. Uno de los problemas comienza ahí, este tipo de servicios como Uber tienen planeado hacer sentir seguros a sus clientes y se supone que existe un proceso de contratación con ciertos parámetros, los cuales buscan hacer cumplir esa seguridad que tanto venden.

Esta clase de depravados que cometen delitos de este tipo parecen ser lo más normal en la sociedad, porque nadie hace nada para frenarlos. Obviamente hay comportamientos humanos que no se pueden evitar, pero algo se tiene que crear para detener estos acontecimientos que indignan no solo a las mujeres, también a los hombres que nos vemos obligados a padecer ese matoneo por parte de una sociedad que ve a la mujer como un objeto sexual. Para acabar de ajustar, varios twitteros comentaron en la red social que era culpa de Mara, que nadie la obligaba a recurrir a ese servicio, que ella se expuso a tal peligro. Esto me indigna y enoja, me parece imposible creer que hay gente que prefiere criticar a una víctima de este tipo en vez de apoyar a su familia o defender sus derechos.

Por otro lado, eventos como este fuerzan a las mujeres a solucionar las atrocidades que les pasan ya que, si ellas no lo hacen, nadie lo hará. Ayer estaba viendo mi muro de Facebook, me topé con una imagen realizada por periódico El Debate, promoviendo una campaña en la que las mismas mujeres ofrecen sus hogares en caso de que otra mujer se sienta en riesgo, esto después del asesinato de Mara. Cinco cuadros con una chica sosteniendo un letrero simple bastan para enviar un mensaje fuerte, “Si nosotras no nos cuidamos, ¿quién?”. Me parece una jugada excelente, ya que nadie vela por su seguridad y se tienen que tomar en manos el asunto.

También vi una foto de un cartel puesto en diferentes puntos dentro de un bar, este contenía información acerca de una palabra especial la cual parecía el nombre de una bebida, pero la verdadera función era pedir ayuda al personal que trabaja en ese establecimiento en caso de que la chica se sienta en peligro o amenazada, los trabajadores están preparados para solucionar el inconveniente que la víctima sufre.

Para finalizar, no es justo que el género femenino tenga que vivir estos actos tan macabros. A los hombres les pido que razonen y respeten, las mujeres no están puestas en un catálogo en el que se pueden ir eligiendo o comprando, tampoco son un juguete sexual, ellas son iguales y mucho mejores que cualquiera de nosotros. Dejemos de seguir la narco cultura, el reggaetón y a los raperos gringos, que las ponen en una posición meramente sexual. Cuando les pidan que pare, por favor háganlo, esa mujer a la que tantas cosas le hacen puede ser su mamá, su hermana, su tía y en cualquier momento puede ser usted.Me gusta escribir sobre temas no muy comunes o poco frecuentes, asuntos que no sean muy comerciales en los medios ni que estén causando gran revuelo en un momento determinado. No me gusta tratar temas que puedan causar discusiones innecesarias por opiniones dividas. En el mundo actual es difícil no herir los pensamientos que muchos defienden a muerte, hay algunos personajes que, como decimos en Medellín, se “delican” muy fácil al criticar o simplemente estar en desacuerdo con lo que a ellos les gusta; la política, la desigualdad de género y la religión son algunos de esos temas que generan esas peleas tan absurdas.

Pero no me concentraré en contar qué me gusta y qué no. Quiero hablar acerca de una situación muy delicada la cual, casualmente, va en contra de ese gusto hacia las temáticas poco desarrolladas. Lo hago no por defender el feminismo sino por defender a las mujeres.

A mujeres como mi mamá, mi abuela o mi novia les pudo haber pasado lo que le ocurrió a Mara Fernanda Castilla, una joven mexicana cuyo cuerpo fue encontrado envuelto en una sábana el pasado 15 de septiembre. Aparentemente fue asesinada por el conductor que la llevaba a su casa. Aparentemente no, fue asesinada por un tal Ricardo “N”, empleado del servicio de transporte privado Cabify, el servicio fue solicitado por la joven de 19 años en un bar para poder llegar a su casa sana y salva. Uno de los problemas comienza ahí, este tipo de servicios como Uber tienen planeado hacer sentir seguros a sus clientes y se supone que existe un proceso de contratación con ciertos parámetros, los cuales buscan hacer cumplir esa seguridad que tanto venden.

Esta clase de depravados que cometen delitos de este tipo parecen ser lo más normal en la sociedad, porque nadie hace nada para frenarlos. Obviamente hay comportamientos humanos que no se pueden evitar, pero algo se tiene que crear para detener estos acontecimientos que indignan no solo a las mujeres, también a los hombres que nos vemos obligados a padecer ese matoneo por parte de una sociedad que ve a la mujer como un objeto sexual. Para acabar de ajustar, varios twitteros comentaron en la red social que era culpa de Mara, que nadie la obligaba a recurrir a ese servicio, que ella se expuso a tal peligro. Esto me indigna y enoja, me parece imposible creer que hay gente que prefiere criticar a una víctima de este tipo en vez de apoyar a su familia o defender sus derechos.

Por otro lado, eventos como este fuerzan a las mujeres a solucionar las atrocidades que les pasan ya que, si ellas no lo hacen, nadie lo hará. Ayer estaba viendo mi muro de Facebook, me topé con una imagen realizada por periódico El Debate, promoviendo una campaña en la que las mismas mujeres ofrecen sus hogares en caso de que otra mujer se sienta en riesgo, esto después del asesinato de Mara. Cinco cuadros con una chica sosteniendo un letrero simple bastan para enviar un mensaje fuerte, “Si nosotras no nos cuidamos, ¿quién?”. Me parece una jugada excelente, ya que nadie vela por su seguridad y se tienen que tomar en manos el asunto.

También vi una foto de un cartel puesto en diferentes puntos dentro de un bar, este contenía información acerca de una palabra especial la cual parecía el nombre de una bebida, pero la verdadera función era pedir ayuda al personal que trabaja en ese establecimiento en caso de que la chica se sienta en peligro o amenazada, los trabajadores están preparados para solucionar el inconveniente que la víctima sufre.

Para finalizar, no es justo que el género femenino tenga que vivir estos actos tan macabros. A los hombres les pido que razonen y respeten, las mujeres no están puestas en un catálogo en el que se pueden ir eligiendo o comprando, tampoco son un juguete sexual, ellas son iguales y mucho mejores que cualquiera de nosotros. Dejemos de seguir la narco cultura, el reggaetón y a los raperos gringos, que las ponen en una posición meramente sexual. Cuando les pidan que pare, por favor háganlo, esa mujer a la que tantas cosas le hacen puede ser su mamá, su hermana, su tía y en cualquier momento puede ser usted.

FOTO: Harding Meyer

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