Libros: la dicotomía de lo original

¿Quién de nosotros no se ha visto en esa disyuntiva?, para algunos absurda, para  muchos otros, o la mayoría, muy razonable en determinados momentos de nuestra vida.

Basta con hacer el intento de escribir algo para darse cuenta de que no es sencillo. Un amigo matemático alguna vez me dijo: Juan, es que una de las competencias más duras, si no es la más, es la escritura. Y es que escribir bien, o hacer el ejercicio e intentarlo, no es fácil.

Sabiendo esto es que uno comienza a valorar a un autor, máxime si se trata de alguien que nos guste. Sin embargo, no siempre podemos acceder a  una copia original, de hecho muchas veces ni nos alcanza para comprar el libro pirateado con páginas repetidas o en blanco en algún lugar del centro, lo que nos toca es bajar una versión en PDF y apañarnos con eso. Todo esto porque necesitamos comprarlo de afán para algún examen o para salir de cualquier apuro, usualmente académico o social -sí, no falta quien regala un libro “chiviado”-.

Creo que esto último puede desinflar a cualquiera, abrir tu regalo y que empiece a deshojarse o no poderlo leer correctamente por los errores de “diagramación” o “impresión” del Jack Sparrow que lo pirateó. Es de pésimo gusto.

Pero analicemos algo: no todos los libros son asequibles a todo el mundo y los buenos libros, me refiero a los de las buenas editoriales, menos. Pensaría que el problema que tenemos con la lectura en nuestro país no subyace en asuntos culturales meramente. La economía colombiana –elemento interdependiente de la cultura- a muchos nos ha limitado en ciertos momentos de nuestra vida a comprar versiones de diez o quince mil pesos.

También es cierto que, como en todo, la calidad cuesta. Una buena editorial invierte grandes cifras de dinero para que su producto salga de la mejor manera posible. Lo normal es que quiera recuperar su inversión, pagarle al autor y que le queden sus propios dividendos.

Si nos vamos al mundo del cine, comprar un Bluray o DVD originales, no es que sea lo más barato tampoco, sobretodo si se trata de cine comercial acabado de estrenar. En realidad pasa lo mismo que con los libros, no tenemos el suficiente poder adquisitivo para corresponder al mercado como se debería. Me pregunto, de haber sido aprobada la polémica ley SOPA, de hace algunos años ¿qué habría sido de nosotros?

Ojo, no estoy diciendo que esté bien, ni que se deba hacer, pero creo que pedirle a un país de tercer mundo que compre todo original, cuando la enorme mayoría de sus habitantes no tiene el cómo, es pedirle peras al olmo. En el mundo no podemos hablar de blanco y negro, gran parte de la sociedad se lucra o saca algún tipo de provecho de este tipo de mercados ilegales. Además creo que en cuanto a libros y material pedagógico,  en materia de igualdad de derechos, somos la misma sociedad y los Estados quienes les estamos quedando mal a quienes no pueden conseguir un manual de matemáticas de primaria y deben ir al centro a rebuscarlo.

A los autores que, gracias a su éxito, llegan a ser pirateados –pues no merece la pena sacar copias de algo que no ha gustado ya-  y se sienten atacados u ofendidos con justa razón, puedo decirles: mil gracias y tengan paciencia, no es su culpa ni es nuestra, pues si en algún momento no puedo comprar las obras de Dostoievski, ni siquiera ahorrando para una segunda, se lo pido al Niño Dios - o me bajo un PDF si es muy menesterosa la goma-.

A las editoriales: sé que es un trabajo arduo y no el más gratificante, pero también el fenómeno y su origen les competen de igual manera a ustedes, pues el conocimiento y el arte no deberían ser exclusivos de los bolsillos más capaces, pues no todos tenemos la misma capacidad monetaria y no siempre se juega limpio con el mercado de las editoriales. No todas tienen igual nivel y no cualquiera es muy “humana”.

Cuando una editorial adquiere los derechos de una obra en exclusiva, impidiendo con ello la libre competencia en el mercado, está dando el primer paso a que su próxima publicación sea pirateada. Obviamente está exponiéndose a un gran riesgo, pero puede obtener una gran ganancia. Además si esos derechos exclusivos se restringen al territorio nacional, tengan en cuenta que ya podemos comprar libros de otras editoriales –posiblemente mejor editados y más baratos- por internet.

Por otro lado siempre quedaremos los que, por puro gusto, compramos una buena edición sin importar qué tan costoso llegue a ser y cuánto debamos ahorrar, porque reconocemos que realmente lo vale.

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