La locura de la weed

Dada la popularización sin precedentes que ha tenido el consumo de alucinógenos como el cannabis a nivel mundial, y especialmente en nuestro contexto de ciudad, se nos presentan una serie de interrogantes frente a dicho fenómeno.

Aparentemente estas sustancias perdieron su componente amenazante dentro de la sociedad y las personas llegan a afirmar que consumirla es menos nocivo que fumar narguila o incluso tabaco.

Sin duda el hombre tiene una gran capacidad de sentir curiosidad, y gracias a esta, la especie humana se ha desarrollado al punto en el que estamos, por medio de la experimentación y la investigación. Si bien esto se presta para muchas innovaciones, también ha llevado al ser humano a experimentar con sustancias que afectan su organismo y producen secuelas no solo para ellos mismos, sino también para quienes los rodean.

Muchas personas, bajo el efecto de alguna droga, han conseguido elaborar trabajos geniales, que se escapan de lo común y esto ha servido para dar testimonio de las ventajas que para ellos tiene el consumo de drogas. Para bien o para mal el cerebro humano va muy rápido y estas sustancias son amplificadoras de sensaciones y emociones, distorsionando la percepción y cambiando nuestro estado de ánimo.

Esto es causado porque las sustancias de este tipo activan el área tegmental ventral (ATV), conformada por un grupo de neuronas donde se originan las células dopaminérgicas. El área tegmental ventral juega un papel muy importante en una variedad de procesos, entre ellos la cognición, motivación y emociones intensas; su afección puede llevar al desarrollo o al desencadenamiento de algunos desórdenes psiquiátricos.

Si bien las recompensas naturales estimulan el ATV, una vez consumidas, producen un efecto de saciedad con disminución de la liberación de dopamina, mientras que el uso repetitivo e intermitente de sustancias dopaminérgicas causa una pérdida de la sensibilidad, generando adicciones. El hecho de que estas sustancias puedan desencadenar además de adicciones, trastornos psiquiátricos, es un amenaza a la salud pública que, lentamente ha estado empeorando.

 Hoy en día el acercamiento a las drogas no es tan limitado como solía serlo, tener acceso a ellas es muy fácil. Un adolescente que está en pleno desarrollo de su lóbulo frontal, sin tener un carácter definido, está en mayor riesgo de convertirse en un consumidor más.

Ahora que el consumo se ha popularizado y cada vez es más normal entre los jóvenes, hay que tener en cuenta que la familia y el entorno son factores altamente influyentes en esta problemática y el tener cerca un círculo de apoyo puede evitar que un adolescente se vea persuadido a probar las drogas.

Finalmente, la guerra contra las drogas ha probado ser una estrategia completamente ineficiente contra el consumo de estupefacientes. Quizás se lograría más legalizando dichas sustancias y controlándolas de forma adecuada, facilitando así el estudio e investigación de las mismas. El pago de impuestos por parte de los productores podrían ser utilizados para combatir problemáticas como la indigencia, la población con altos porcentajes de patologías psiquiátricas desarrolladas a partir del consumo, y por último la reducción de la violencia generada por el narcotráfico.

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