Dejemos a Uribe a un lado

En los últimos años nunca se le había dado tanta importancia a una persona de la vida pública como al expresidente (así es: expresidente, porque dejó de gobernar hace más de seis años) Álvaro Uribe Vélez.

Uribe no solo tuvo su poder durante cuatro años como se supone las leyes mandaban para ese tiempo, sino que tuvo la oportunidad de lanzarse a un segundo periodo más. Y si se le hubiera permitido, también se hubiera metido a un tercero, cuarto, quinto periodo o incluso estaría mandando a este país de forma vitalicia; afortunadamente, para algo sirvieron las leyes y la democracia.

Hoy en día, Uribe saca demasiado provecho a las redes sociales, especialmente Twitter, donde da todos sus puntos de vista y comparte una cantidad de noticias que en sí tienden a ser falsas. Casos se han visto: ha puesto fotografías de soldados mutilados culpando a las FARC, cuando en realidad se trataba de algún suceso en el extranjero, incluso la imagen de una película; también le dio por decir que la guerrilla había dinamitado un puente, y la verdad era que la creciente de un río lo había destruido.

Raramente se retracta de los errores que comete, sin embargo, su gran cantidad de seguidores apoya lo que dice, sea un simple invento o una amenaza cualquiera. Aunque bueno, bien se dice por ahí «confunde y reinarás».

Uribe dice amar a Colombia, pero saca de este y de sus gentes un odio irracional, una forma de pensar parecida a esas extremas derechas europeas que se dedican a crear toda clase de fobias e intolerancia. Uribe desea que el país esté a sus pies, y con toda la popularidad que tiene, imagino que ha de sentirse satisfecho por sus logros; aunque el más destacable (por decirlo así) de todos es uno: polarizar a Colombia.

Tal vez, viendo cómo buscar regresar al poder, Uribe esté enloqueciéndose, porque el hambre por estar al mando es mucha, y si tiene que hacer hasta lo imposible para manejar las riendas de este pueblo, lo hará. Ya vimos por ahí cómo se juntó con el expresidente Andrés Pastrana, al que antes consideraba como uno de sus mayores contradictores políticos, para buscar la manera de ganar las elecciones el próximo año.

Uribe necesita aprender a alejarse de la vida pública. Ya él hizo lo que tenía que hacer, es hora de que descanse y deje a un lado todo ese aborrecimiento y ese estrés que tiene encima.

Lo que Uribe también tiene que hacer es dejar de creerse el centro de este país, y lo que los colombianos tenemos que hacer es dejar de hablar tanto o preocuparnos por lo que él diga. A Uribe hay que tratarlo como a cualquier otro expresidente o a cualquier otro senador, sin tanto drama y sin tanta primicia. Hay muchísimos temas de gran importancia que afectan a este país y el mundo entero como para estar tan concentrados en todo lo que Uribe esté haciendo o diciendo. Él no es un rey y nosotros no tenemos que darle tanta pleitesía.

Hay que aprender a dejar a un lado los odios que tanto nos afectan y no nos dejan crecer como país. Si Colombia sigue en esas, quién sabe a dónde irá a parar. Por eso, lo mejor es dejar el drama que este hombre genera, porque hablamos de paz, pero no hemos podido ponerla en práctica.

Por cierto: Uribe creyendo que atacar a periodistas está bien, y más en uno de los países donde se han registrado más casos de amenazas y homicidios a personas que ejercen esta labor. Lamentablemente, uno no puede esperar nada de él ni de su séquito de seguidores.

IMAGEN http://galeon.com

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