Al baño de hombres usando una falda

Esta semana el Presidente Trump revocó la directiva aprobada el año pasado por Obama que permitía a los estudiantes transgénero el uso de los baños de su elección en las escuelas públicas.

Esta decisión del nuevo mandatario no es más que otro de sus  shows retrógrados para complacer a los grupos costumbristas, religiosos y discriminativos que pululan en Estados Unidos. En tan poco tiempo, Trump ha limitado los derechos de los inmigrantes latinos, musulmanes y de los ciudadanos homosexuales.

Algunos Estados, desde que Trump tomó el Maletín Nuclear, han estado defendiendo fervientemente la ley de  ‘protección de la libertad religiosa’ para permitir a algunos individuos negar servicios a otros en este caso porque son homosexuales, travesti o transgénero, excusándose en que ello violaría sus creencias. ¿Y la identidad, la igualdad y el respeto no son importantes para los cultos?

Esta nueva ocurrencia de un hombre obcecado que obtuvo un poder que ni siquiera esperaba, es un espaldarazo (como la mayoría de sus decisiones) a la libertad de género y a la igualdad en un país que se concibe “desarrollado” y que “está pensado en ramas de poder para evitar la tiranía”. ¿Acaso las decisiones que solo benefician un grupo blanco americano rico y heterosexual no son tiránicas?

 La diferenciación de los habitantes por color, nacionalidad,  y en este caso género e inclinación sexual, que está impulsando el “magnate” a cargo de la potencia representada por estrellas, está azuzando el odio entre los ciudadanos y dando el espacio a los amantes de los “valores confederados” para discriminar en voz alta…para la muestra el aumento de los ataques de odio en las escuelas públicas y las acciones violentas de los “trumpeteers” y los opositores en las protestas.

El año pasado se había dado un gran paso en el país al aceptar que el género de nacimiento, y la letra marcada en el papeleo no definía ni define la identidad ni las inclinaciones de una persona. Los valores, los sentimientos y las capacidades no mutan cuando se elige ser hombre o mujer, amar a uno o a otro.

He conocido personas homosexuales y heterosexuales atrapados en una farsa, negando sus sentimientos y realidades por miedo a ser rechazados por una sociedad cuadriculada y controlada por roles de género. Los diferentes, son juzgados por actuar y equivocarse igual a los de la mayoría, pero con el peso extra que hace más evidentes sus errores: ser una minoría.

María Paulina Baena Jaramillo escribió en una columna para El Espectador refiriéndose al tema: ¿en qué baño me violentarán menos? Si soy una chica trans y entro al baño de hombres, me van a decir ‘maricón’, y si entro al de mujeres, me van a decir ‘violador’”. (¿Ha pensado que pasaría si entra al baño de hombres usando una falda?) Una frase cierta que es el reflejo de la falta de educación y respeto que estamos padeciendo y una muestra del calvario que los estudiantes transgénero sufren por una acción tan trivial como tener ganas de orinar. Tal vez lo que le faltó a la directiva en 2016 fue educar para la diferencia y enseñarles a los adolescentes sobre respeto. 

Los que aseguran que permitir el cambio es peligroso por la seguridad de los niños en los baños, me dejan una pregunta ¿acaso a usted (que es heterosexual o lo finge) le gustan todas las mujeres o los hombres por el simple hecho de tener una vagina o un pene? Si la respuesta es no ¿porqué un transgénero sería un peligro para los niños o las niñas si usted (se supone) no lo es?

Permitir a los alumnos transgénero que vayan al baño acorde a su identidad de género no es un favor ni un experimento social, es simplemente cumplir con la ley de derechos y darles el mismo trato que a los demás niños, a los que son iguales. 

   
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