"Se lo firmo sobre mármol"

“Se lo firmo sobre mármol”, esa fue la afirmación del presidente Juan Manuel Santos hace algunos años en medio de un acalorado debate presidencial; haciendo referencia a que en su gobierno no subiría los impuestos. No era necesario presagiar el futuro para saber que dichas palabras carecían de toda veracidad como bien señalo en su momento el entonces candidato Antanas Mockus. Y es que siendo realistas vivimos en un país donde la forma de hacer política la podríamos resumir en un adagio popular que dice “prometer para meter y después de haber metido romper lo prometido”.

Pues bien, parece inevitable que una vez más los colombianos hemos sido engañados, y se nos viene una reforma tributaria en muchos sentidos injusta, hablando de beneficiados y perjudicados,  igualmente va ser frustrante tanto por su finalidad como por la manera en que va ser aprobada.

Hablemos primero de la finalidad, que no es otra que tapar un hueco fiscal que tiene el Estado de más de 24 billones de pesos, ocasionado por el pésimo manejo que se le ha venido dando a los recursos públicos, y no solo en el gobierno del actual presidente, evidentemente son errores sistemáticos que se han venido produciendo desde administraciones anteriores. Tal vez, sería más asimilable si esta barbarie de impuestos sirviera para mejorar la educación, salud, infraestructura, en fin tantas cosas que necesitamos como nación.

Pensar en la cantidad de mermelada que se va mover en el Senado de la República para aprobar esta reforma a “pupitrazo”, la falta de un debate ético y transparente y sobre todo el no querer escuchar las inquietudes y preocupaciones de la ciudadanía, son otras de las situaciones que tanto rechazo y preocupación generan en torno a tan nefasta reforma.

Pero definitivamente el contenido injusto es lo que mayor preocupación le genera al ciudadano, y es que estamos hablando de una reforma que entre otras cosas está buscando darle más beneficios tributarios a las grandes multinacionales y transnacionales, cuando deberían ser estas las que se aprieten un poco el cinturón en beneficio de la nación. Pero no, en últimas los que realmente terminaran pagando los platos rotos son la pequeña y la mediana empresa, las clases medias y bajas, que verán como unos pocos se hacen más y más ricos, mientras la gran mayoría se hunde en la pobreza y muchos incluso en la miseria.

   

Y en este oscuro panorama solo nos quedan dos opciones como ciudadanos. La primera seguirnos apretando el cinturón en beneficio de unos pocos y seguir aguantando como lo hemos venido haciendo; y la segunda apropiarnos de nuestro papel como constituyente primario y salir masivamente a la calles a demostrar todo nuestro inconformismo y exigir condiciones tributarias mas justas .

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