Manifestaciones

El pasado 13 de octubre, aproximadamente a las 11:40 a.m., la tranquilidad de la Universidad de Antioquia se vio interrumpida. Múltiples sujetos de rostro cubierto, overol, mochilas y artefactos explosivos rompieron la monotonía del campus estudiantil. Sus petardos interfirieron con el silencio diario, sus fogatas, con los aromas naturales, y la consternación del momento desató sentimientos diferentes en cada persona.

Para muchos, estos actos son síntomas de una enfermedad ya caduca; una enfermedad cuyo auge se dio en el siglo XX y que afectó a cada universidad pública de América Latina, originando conflictos armados, que posteriormente se cobrarían miles de víctimas. Son accesos de violencia que no le aportan nada a la Universidad ni a sus miembros, actos incoherentes que solo buscan intimidar y que afectan negativamente tanto la planta física como el desempeño académico de estudiantes y profesores, y la administración universitaria y gubernamental.

En cambio, para otros, estas fiebres intensas representan una necesaria manifestación de inconformidad. Son la expresión de sentimientos o pensamientos, presentes en la comunidad, que por los medios de participación habituales no suelen tener ningún efecto. Fenómenos resultantes, de alguna  manera, de  las dinámicas críticas dentro de las universidades públicas, parte de su historia y de su espíritu. Por lo demás, luchas que han permitido alcanzar objetivos indispensables para el desarrollo de la comunidad.

En el marco de esta discusión, para algunos ya anticuada y para otros siempre actual, sobre las formas que asume la rebelión estudiantil, lo único cierto, para mí, es que el país entero está viviendo una transición fundamental, encaminada a la construcción de una nación diferente. Intentamos pasar de una política de elites y una democracia fragmentada, a una democracia incluyente, donde las armas y la intimidación no sean la herramienta para alcanzar fines políticos. Teniendo en cuenta este contexto de transformación, considero que las manifestaciones violentas de la Universidad de Antioquia, si bien son históricas y algunas de sus consignas no deben ser olvidadas, deben trascender a manifestaciones democráticas que incluyan a todos los actores universitarios, donde el discurso reemplace los petardos, y la lucha se convierta en un debate desarrollado e incentivado por la misma comunidad universitaria.

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2 Comentarios

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    Iván Gallo 23 de octubre de 2016

    Ricardo disculpá el lapsus, escribí Daniel, por decir Ricardo. Perdón por el error.

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    Iván Gallo 23 de octubre de 2016

    Apreciado Ricardo así es, la democracia, la verdadera democracia incluyente debe ser la hoja de ruta de una sociedad que parece estar despertando del letargo de la exclusión y la inequidad. Muy buen mensaje el que expresás, ojalá los jóvenes de tu generación vislumbren la posibilidad de un país distinto, en el que, como decís vos, las ideas reemplacen las armas. Felicitaciones mi querido Daniel.

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