ISIS y la modernización del proyecto del Estado islámico

Luego de observar diversas noticias relacionadas con el Estado Islámico, un factor de desconocimiento sale a relucir al encontrar múltiples análisis y reportajes reduccionistas, que se quedan cortos frente a la peligrosidad de las nuevas formas de terrorismo global y la aparición de una nueva fuerza en la disputa por Medio Oriente. Situación que solo fortalece los fines mediáticos de ISIS, quien ha demostrado un manejo excepcional de los medios masivos de comunicación, capaz de convertir estos reportajes en propaganda gratuita que da visibilidad y protagonismo a un grupo que ansía estar en la escena mundial para atraer yihadistas a sus filas.

Se argumenta que el único objetivo y fundamento del EI es el retroceso a un pasado lejano que consideran glorioso. No obstante, tras investigar un poco se puede indicar que este proyecto está  profundamente relacionado con la tradición política moderna de occidente. Su intención no es solo volver a los orígenes del Islam, en la medida que no se limitan a retrotraer la tradición, sino que por el contrario cambian las dinámicas del poder generacional en muchos de los lugares donde actúan. Accionar provocado por la preeminencia de un objetivo general como la religión islámica, sobre un elemento particular representado en el arraigo a la tradición y la cultura por ejemplo tribal, que genera sus propios sistemas de lealtades.

Las huellas de esta relación con la cultura política de occidente, se pueden rastrear desde el discurso de Abu Bakr al-Baghdadi líder de ISIS en la Gran Mezquita de Mosul, donde declaró la instauración de un Estado Islámico tutelado por el mismo como Califa. Justificando su condición de dirigente máximo del islam en las premisas del teólogo paquistani Abul A'la Maududi, precursor del partido  Jamaat- e-Islami en India y Paquistán en 1941  y padre de la concepción de Estado islámico moderna.

¿Pero por qué se afirma que el Estado islámico de ISIS, guarda tanta relación con occidente?, la respuesta es que la filosofía de Maududi sigue el dogma de muchas creencias religiosas (incluyendo el cristianismo) que ubican a Dios como juez supremo. Teoría que se traslada fácilmente al ámbito terrenal, cuando se convierte a esta capacidad única de ser juez en un monopolio de la soberanía que recae en el poder indiscutible de Dios. Dinámica que también se evidenció en Europa a través de la potestas del papa y la autoritas del rey. Así, la soberanía de Dios puede ser luego trasladada a un líder con el fin de establecer la soberanía política, respetando la premisa de que Dios es el soberano del modo de vida islámico. En este punto el Estado y lo divino se funden, convirtiendo a las leyes de Dios en política y a la política en algo sagrado.

Estas ideas se combinan con elementos extraídos de la Revolución Francesa, que es interpretada como un intento de formar un Estado basado en un conjunto de principios (libertad, fraternidad e igualdad) y no en una nación o pueblo como en verdad ocurrió. Maududi exalta en su definición del Estado islámico moderno esta promesa incumplida de la Revolución Francesa, argumentando que es posible implementar un  Estado islámico que reúna a la Umma, no por nacionalidades sino por un conjunto de principios extraídos del Islam.

En la Francia revolucionaria el Estado formaba sus propios ciudadanos, sin que estos recurrieran a intermediarios étnicos, lingüísticos o religiosos para entablar una comunicación entre ellos y el Estado. La prohibición de la burka en Francia es muestra de esto, pues no se pretende dar derechos particulares a cada fracción de la población sino a la totalidad de la ciudadanía. Teoría que si es contrapuesta al discurso de Maududi dejaría ver una ciudadanía universal afirmada en el Islam. Es decir, de la misma forma en que el Estado francés revolucionario creó a sus ciudadanos sin que les fuese posible existir por fuera del Estado, también el Estado islámico construye sus ciudadanos en la premisa de que sólo se puede ser musulmán en un Estado islámico.

No hay que subestimar entonces la capacidad organizativa de los grupos yihadistas, puesto que cuentan con una formación académica, ideológica y política considerable, que se sostiene a través de una actividad financiera confiable y abundante, que les permite cumplir con las responsabilidades básicas de un Estado en zonas donde la ausencia del mismo ha sido la regla. En consonancia la revista oficial de ISIS llamada Dabiq, expresa su disposición a invertir millones de dólares en infraestructura y servicios para la población musulmana, con objeto de establecer una relación directa entre el Estado islámico y sus ciudadanos. Teniendo a  su favor ser el primer grupo en lograr sentar bases reales para el restablecimiento de una entidad institucional que reúna al mundo musulmán, declare la yihad y monopolice la interpretación de los textos sagrados. 

Escrito por: Juan David Echeverry Tamayo

Imagen: Time 
 
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