Trainspotting

Trainspotting, fue publicada por primera vez en 1993 en Escocia por la editorial Harvill Secker, y escrita por el novelista escoces Irvine Welsh. Este texto ha sido considerado por la crítica escocesa como una de las novelas que más impacto social tuvo, esto a raíz de denunciar por medio de una sátira bastante cruel el mundo de la drogadicción, de los borrachos y los inservibles, causa  de estupor en una sociedad bastante conservadora y costumbrista.

El impacto que tuvo la novela en la década de 1990, fue tanto que sería llevada al teatro y al cine. Danny Boyle, uno de los mejores cineastas ingleses, dirigió la película que se estrenó en 1996, teniendo un gran éxito taquillero. La producción se enmarco en mostrar la elección de unos jóvenes por consumir heroína al no concebir ni una sola esperanza en el futuro.

Welsh, utilizo el nombre de Trainspotting para la novela por ser una de las aficiones más tradicionales del Reino Unido, y esta consiste en pararse en alguna estación y ver pasar trenes. La estación de Leith Central Station, se hace presenta en la obra y los personajes principales hacen Trainspotting.

 

Su estilo frio, satírico y realista, muestra la otra de cara del primer mundo, esa que en la mayoría de películas, festivales y programas turísticos es relegada y olvidada. Y nos revela dos grandes problemáticas de Europa: el consumo de heroína y el sida.

Sin dudas, en la Europa occidental también existe la marginalidad, también existen aquellas personas que han nacido en el lado equivocada de la ciudad. Edimburgo es conocida por sus altos índices de sida y consumo de heroína, es en otras palabras una de las urbes europeas con más problemáticas sociales y de sanidad, y por lo tanto fue relegada y aislada socialmente de Gran Bretaña durante las décadas de 1980-1990. Desde la década de 1980, los problemas a causa del excesivo consumismo comenzaron a ser evidentes no solo para el gobierno escoces y británico, sino para el resto de Europa, que intentaron -sin tener éxito-  buscar a través de diferentes programas –anti drogas- algunas alternativas para combatir la entrada de las drogas del medio oriente y así mismo frenar la adicción de las personas. Pero claramente el problema no pedía una solución policiaca, sino de intervención social.

El barrio de Leith donde transcurre casi toda la trama de la novela, para los años sesenta (60), experimento drásticos cambios en su urbanidad, los edificios altos y las grandes construcciones iban de a poco relegando al olvido las pequeñas casas tradicionales. Esta revolución en la estructura del lugar causó un desequilibrio en uno de los barrios más tradicionales de Edimburgo, pues la masiva llegada de nuevos inquilinos transformo las dinámicas cotidianas de sus habitantes.

A esta problemática de la masiva ocupación del espacio, se sumaron las crisis económicas y las luchas revolucionarias en contra del gobierno de la conocida “Dama de Hierro”, la primera ministra inglesa Tatcher, quien a través de sus programas sociales, matizados por un populismo barato, llevaron a muchos trabajadores a vivir de cuenta del gobierno,  trayendo consigo el aumento de las cifras de consumo de alcohol y heroína a niveles temerosos para la sanidad del barrio y la ciudad.

Los “chutódromos” aparecieron entonces en la sociedad escocesa y en el barrio de Leith, y trajeron consigo la masificación del sida. En los “chutódromos” la dinámica era tan sencilla, que en realidad es escalofriante. Decenas de jóvenes consumidores de heroína estacionaban en aquellos lugares para drogarse, la decadencia sanitaria y el control social llevo a que las agujas pasaran de mano en mano, como si se tratase de algún dulce, cuya consecuencia mayor fue la proliferación del sida en la un alto porcentaje de la población juvenil de la zona.

El barrio de Leith terminó por convertirse en una de los lugares más marginados de Edimburgo, e inclusive del Reino Unido. Welsh, logró mostrar una parte de esa decadencia social en algunos países del primer mundo, que muchas agencias se niegan a hacer evidentes en sus programas turísticos. Y Leith reflejaba a toda costa las problemáticas sociales, que enfrentaba una sociedad con un futuro incierto, y con el mercado de la heroína en su mayor furor. En la sombra de los grandes pasajes comerciales, los castillos y los festivales, este barrio obrero se presentaba como un oscuro panorama. 

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