Nuevo Mundo, mundo mágico: América mágica

A los colombianos que nacieron en la primera mitad del siglo XX se les llamó la generación de Los Nuevos. En este grupo sobresalieron entre otros, Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, hombres de gran importancia en la vida pública del país. La Primera Guerra Mundial, la posguerra y el acceso al poder del Partido Liberal (luego de cuarenta y cinco años de hegemonía conservadora), fueron algunos de los acontecimientos que marcaron el contexto histórico en el que vivieron  Los Nuevos. La modernización que se inauguró en la década de los treinta planteó cambios políticos, económicos y sociales. Los personajes que sobresalieron en dicha generación buscaron hacer aportes trascendentales desde campos tan diversos como el  político, industrial, empresarial y desde las letras. Tal es el caso de Germán Arciniegas, quien se ganó los títulos de “el hombre de las Américas” y el “colombiano universal”, gracias a la calidad y profundidad de sus textos, siendo considerado uno de los grandes pensadores de su tiempo.

En muchas obras, se dedicó Arciniegas a meditar sobre América desde cuestiones tan complejas como la libertad. En América mágica dicha reflexión se basó primero en la contraposición entre magia y racionalidad, en la medida en que,  la libertad parecía una utopía para los pueblos de ese vasto continente que cargó cuatrocientos años en su espalda el dominio colonial de las potencias europeas. Para Arciniegas la magia “es el complemento poético, el ingrediente de esperanza que supera la racionalidad del  hombre”. De lo anterior se desprende el objetivo central de su texto: narrar “la magia de la historia”, “lo mágico de América” a través de aquellos que tuvieron “esa audacia de hacer de lo imposible lo posible”, marcando el destino de todos “tal vez con más visibles muestras que en los otros pueblos”. Su forma de escribir sencilla y poética, permite la lectura a un público más amplio que el meramente académico, con claros matices novelísticos su pretensión es llegar a más lectores a través del estilo, que según él, es el que constituye la buena historia.

Los personajes hilvanan la narración, a través de doce capítulos que van de enero a diciembre, meses que resaltan la fecha de nacimiento o muerte de ellos, o el de un suceso trascendental en la historia de América. No es la cronología importante, lo son las figuras de José Martí, Cuauhtemoc, Benito Juárez, Rosa de Lima, Esteban Echeverría, José Artigas, El pueblo soberano, Manuel González Prada, Domingo Faustino Sarmiento, Fray Servando, Juan Montalvo y Simón Bolívar. Personas que pasando de ilusos a héroes, generaron un cambio significativo en las sociedades de su época y encarnaron el milagro americano  y los ideales de libertad, democracia, rebeldía e independencia. 

Como americanista, Germán Arciniegas defendió los valores de una América libre de las ataduras de cualquier clase de opresión. Desde la escritura beligerante, desde las acciones políticas y militantes, cada una de las personalidades de su texto, se caracterizaron por una fe incorruptible en su causa. José Artigas y Esteban Echeverría, son el ejemplo de ello. Por medio de sus escritos Echeverría denunció que los pueblos americanos “somos independientes pero no libres. Los brazos de la España no nos oprimen pero sus tradiciones nos abruman”.

La pasión se perfiló como fuerza motivadora de una revolución que crecía dentro, arrasando los miedos y enfrentando a su destino a cada poeta, escritor, religioso, político, militar, soñador. Arciniegas era también un soñador y su instrumento fueron las palabras, como testimonios de la libertad que junto con sus personajes defendía para América Latina. El lenguaje permeado por la belleza de la prosa y la poesía, es el recurso que más habla de su visión de lo que era la historia y su escritura. No era historiador y en sus pretensiones no estaba la rigurosidad del método. Sin embargo, las imágenes y la lectura producen un impacto profundo en quien se enfrenta a las líneas de sus textos, tal como el demagogo exalta las emociones en el púlpito que escucha atento: “Al fondo de la sombra de Sarmiento diríase que todo quedaba reducido al hilo de plata que tejen las arañas, al perfume de azahar caído de las estrellas”. América mágica revela que el Nuevo Mundo fue y es un mundo mágico: una América mágica.

Imagen http://blog.iic.org

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