Memento Mori

Hace poco más de un año, recuerdo que con amargura lloré la muerte de quien consideraba entonces mi mejor amiga, una joven que partió muy pronto de este mundo, alguien por quien sentía un amor tan fuerte que a veces me pregunto si sería posible de replicar. Fue un descenso inesperado en una persona con toda una vida por delante, realmente una experiencia desafiante que puede hacerte ser consciente de lo frágil y corta que puede ser la vida. Cuando las personas se van, dejan con su partida un gran aprendizaje, aun así no nos guste aceptarlo. El óbito de un ser querido, o muchos, puede llevarnos a una vida más significativa.

Cuando el imperio romano seguía en su apogeo, hace muchos años, una frase se acuñó en la sociedad de tal manera que llegó hasta nuestra época, “Memento Mori”. Si bien en ese entonces la muerte era mucho más familiar para las personas, era pertinente recordarle al individuo el irremediable hecho de su mortalidad. Ahora en el 2017, algunos, afortunada o desafortunadamente estamos familiarizados con la muerte y el hecho de que nuestras vidas se marchiten lentamente con cada grano de arena que cae del reloj, hace parte de nuestros pensamientos. Mientras tanto muchos otros asumen que la vida es eterna, hasta que después de un tiempo, se miran al espejo en el ocaso de sus vidas preguntándose cuándo pasó.

En esta época donde todo el mundo está obsesionado con la juventud, un tiempo de lozanía eterna que dura hasta los 60 o 70 años, donde da miedo envejecer y aceptar el hecho de que cada vez estamos más cerca de volvernos polvo, pareciera que se evitara el tema al punto de que no nos llega con mucha frecuencia la idea de nuestra propia mortalidad.

Carpe Diem, Memento Mori. Una pequeña frase que pareciera recordar un poco el inevitable hecho de la muerte, es un aforismo popularizado por nuestra generación, que en pocas palabras se traduciría en “aprovecha el día, pues vas a morir”. Siendo este enunciado simplemente una traducción más de la soberbia y la vanidad que existe en nosotros mismos, donde en otras palabras la doctrina es: producir, producir, producir, como toda una rueda dentada más en el sistema, buscando el éxito y la fama.

Realmente de eso no se trata la recordación de nuestra mortalidad. Históricamente en las diferentes doctrinas religiosas y filosóficas, especialmente en la cristiana, “Memento Mori” ha sido utilizado como una manera de llevar a consideración la banalidad de la vida terrenal y lo transitorio de los bienes materiales. De esto muchas veces me surgen preguntas como ¿cuál es el fin de lo que estamos haciendo?, ¿realmente solo hacemos las cosas para amasar dinero y prestigio?

 

Escribo esto como un llamado a las personas, para que lleven una vida más virtuosa del espíritu, siguiendo el ejemplo de las disciplinas ascéticas, que las religiones y hasta filósofos existencialistas, como Nietzsche, profesaron o practicaron. Una vida con disciplina, pero no para producir bienes materiales, sino de autocontrol, de autoconocimiento y de bondad con el otro. Las motivaciones y los métodos para llevarlo a cabo tienen discrepancias entre personas y doctrinas, pero el fin es el mismo, perfeccionar el carácter, cultivando el desapego a los bienes materiales y a los placeres inmediatos, buscar el perfeccionamiento del espíritu.

Claramente no es pertinente que ahora hagamos a un lado nuestros bienes y gustos y llevar ayunos prolongados, como haría un santo en la edad media; pero sí considero que deberíamos expurgar esa vanidad que permea nuestro medio y nuestras vidas. Es hora de preguntarse cuáles son las reales motivaciones de nuestras acciones, proyectos y actitudes, reevaluar nuestras motivaciones en la vida; o bien, seguir viviendo en la era de los pequeños dioses humanos de las redes sociales. Pero recuerda, la muerte también te llegará a ti y tarde que temprano, te convertirás en polvo. 

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