Aprender no debería doler

“Allí donde la toques la memoria duele”

Yeoryos Seferis.

 

La frase anterior fue la primera diapositiva con que alguna vez un profesor inició una conferencia, en la que además pidió a los asistentes recordar el primer encuentro con la lectura. Entre rostros pensativos recordé a  mi profesora de preescolar y las letras antropomorfas que dibujaba en el tablero con tizas de colores. Era un recuerdo feliz que se encadenó a muchos otros, y aunque no todos los libros se leen con el mismo sentimiento, para mí siempre han representado la felicidad.

No obstante, no todos recordaron con alegría ese momento. Dentro de muchos un niño adolorido regresó a avivar la amargura de un golpe con regla en las manos, de la ridiculización y los gritos. Ese tipo de  heridas siguen abiertas incluso en la adultez ¿Cómo es posible que aún hoy se siga implementando el método de atemorizar a los estudiantes para inspirar “respeto”? No, aprender no es necesariamente fácil, ni debe serlo, pero no tiene que ser doloroso y violento. Sentir cierta frustración, desesperarse al no entender algo es normal, la paciencia se moldea con los problemas matemáticos, con el texto que luego de  leído tres veces se sigue sin comprender. Lo indignante es que aún se le grite “bruto” a un niño porque no ha entendido, porque no lo ha hecho “bien”. Lo triste es que muchos tomen con ligereza y hasta mediocridad su profesión de educadores.

Hace unos días una prima de catorce años me escribió para pedirme que le explicara una tarea que no entendía. Debía hacer un análisis literario de un libro, que consideré muy avanzado para su edad, mucho más porque, a pesar de instarla a que lea los libros para hacer las tareas, la mayoría de las veces busca resúmenes en la Web. El libro era complejo para su edad y su nivel de comprensión de lectura. Notaba el estrés en su voz y la desesperación con la que buscaba cumplir con el deber sin sentir ninguna satisfacción en el proceso. Los mejores docentes que me he topado en el camino, son los que me han inspirado y apasionado por aprender, indagar, esforzarme, persistir y crear. Muchos otros no se dan cuenta que en su afán de transmitir conocimiento, solo logran que los estudiantes sientan rechazo, hastío y frustración ante ese conocimiento.

No es tarea fácil impartir una clase, encontrarse con tantas personas que piensan y sienten tan diferente, que también son jueces y verdugos muchas veces. A la par, el profesor también aprende, se equivoca y va encontrando el camino que mejor lo lleve en esa difícil y noble carrera hacia  la enseñanza. Como dijo Freire: “Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad”, sobre todo la última.

 
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