Conversamos con Carlos Framb

“Alguien que ama la vida no puede temer la muerte”. Carlos Framb

 Carlos Framb es uno de los escritores antioqueños que más ha sobresalido en los últimos años. Es autor de los libros “Antínoo”, “Del otro lado del jardín”, “Un día en el Paraíso”, “Una noche en la Vía Láctea”, entre otros.  La historia de su libro más conocido, “Del otro lado del Jardín”, sigue impactando a colombianos y a lectores en el exterior. Siendo profesor de literatura en un colegio y teniendo a su madre gravemente enferma, decide acompañarla en su decisión de dejar la vida dignamente.  Su madre, por propia decisión y asistida por su hijo, muere, pero Carlos, a pesar de haber tomado la misma sustancia que su madre, quedó con vida. Luego de afrontar un absurdo proceso judicial en su contra y de estar en la cárcel un tiempo, Carlos recuperó su libertad y ha vuelto con lo mejor de su literatura. Bajolamanga.co tuvo el privilegio de conversar con él sobre la literatura, la muerte, la dignidad de la vida.         

¿Cómo le parece el presente de la literatura colombiana?

Desconozco la obra de los jóvenes escritores colombianos, pues acostumbro ordenar mis lecturas con base en los temas sobre los que estoy escribiendo. Por ejemplo, ahora estoy leyendo acerca de escritores extranjeros que han pasado por México, y que han sido inspirados por este país. Ello como documentación para mi próximo libro “Seducción mexicana”. A propósito, y hablando de escritores colombianos vivos, me parece que Fernando Vallejo (si aún vive y si aun es colombiano), es el más grande.

¿Considera usted que en Colombia hemos avanzado en la construcción de un ecosistema educativo que favorezca el cultivo del arte y la escritura?

Más bien al contrario, el sistema educativo parece hecho para ahuyentar a los jóvenes del cultivo del arte, de la escritura y de la sensibilidad.

De acuerdo a su experiencia como profesor, ¿cuál considera que es la mejor apuesta pedagógica para fomentar la lectura y para incentivar el espíritu creativo de los estudiantes?

La lectura es uno de los grandes placeres de la vida, no veo porqué hay que obligar a otros a leer. Si a alguien no le gustan los libros, peor para él, él se lo pierde. Cuando fui profesor de lectura nunca obligué a ningún estudiante a leer un libro o a hacer un resumen. Más bien les leía en voz alta cuentos y capítulos de novelas que a mí me habían gustado, sin otro fin que dejar que la historia y la música de las palabras los envolviera. Durante la lectura incluso les permitía dormirse si querían. La única apuesta es antojar a los jóvenes, seducirlos, exponerlos a la literatura como quien se expone a un virus. Habría que recordar a Borges cuando dice. “Sólo podemos enseñar el amor de algo, sólo se puede transmitir belleza que uno ha sentido.”

Hoy en día, en muchos casos las exigencias del mercado condicionan la decisión de los estudiantes al momento de elegir su pregrado. ¿Es posible vivir hoy de la literatura en Colombia?

Algunos logran vivir de la literatura, tienen suerte y se ganan premios y becas. O se  venden o consiguen puesto. Yo nunca he ganado un premio ni me he vendido ni he conseguido puesto, así que soy un ejemplo del escritor que ha vivido al borde del abismo.

¿Cuáles fueron esos autores que lo impulsaron a escribir? ¿Qué lecturas considera imprescindibles hoy para un joven que tenga la aspiración de convertirse en escritor?

Cada uno debe leer solo lo que le dé placer, así que la elección de lecturas es muy personal. A lo largo de mi vida he sostenido innumerables romances literarios, el primero fue con Hermann Hesse, en mi adolescencia. Luego vinieron Cavafis, Rimbaud, Yourcenar, Whitman, Pessoa, Sagan. Y los griegos, por supuesto. Los últimos autores que me han cautivado han sido Thomas Bernhardt y Robert Walser, romances de madurez.

Su libro “Del otro lado del jardín” se ha convertido en un éxito editorial tanto dentro como fuera del país. ¿Cómo ha recibido ese resultado? ¿Le ha puesto nuevos retos en su faceta como escritor?

El libro se ha vendido y se sigue vendiendo bien en Colombia, aun no ha sido publicado en el exterior. Me ha sorprendido que una historia tan personal pueda ser a la vez tan universal. Con este libro pasé de escribir poesía lírica a escribir prosa narrativa, aunque una prosa en la que se privilegia la musicalidad y las imágenes, una prosa escrita por un poeta.

¿Cuál es su visión de una muerte digna? ¿Cómo saber cuándo ha llegado su momento?

Una muerte digna es el justo corolario de una vida digna. Soy un hombre agradecido con el raro y precioso obsequio de la vida, obsequio que hasta el día de hoy he disfrutado plenamente. Pero cuando las condiciones de la vida ya no sean doradas, lo que inevitablemente ocurrirá un día, espero tener el valor para aceptar que es el momento de despedirse y salir de la fiesta.

Luego de escribir “Del otro lado del Jardín”, ¿ha vuelto a pensar en el suicidio como una opción? ¿Ha cambiado su concepción frente a este tema en los últimos años?

Sigo pensando que cada uno es dueño de su vida y de su compañera la muerte. Ahora he incorporado la noción de la “completitud” de la vida, de que no hay que estar “jodido” para decidir matarse. Basta sentir que ya se cumplió la misión, que ya se describió la parábola.

Alguien mencionó en algún momento que el verdadero papel de la filosofía es prepararnos para la muerte. ¿Cómo lograr esta preparación sin usar los paliativos de la religión? ¿En algo aporta la literatura?

La religión es más bien un obstáculo para una muerte digna. Y si, hay autores que ayudan a ver las cosas con más lucidez: Epicuro, Séneca, Montaigne, Hume, Schopenhauer, entre otros. Me iluminó mucho esa frase de Montaigne: “Cuánto más voluntaria es, más bella es la muerte”.

¿Le teme hoy a la muerte más de lo que le temía hace algunos años cuando tomó la decisión de morir junto a su madre?

Alguien que ama la vida no puede temer la muerte. Le temo, sí, a las circunstancias de la muerte, al dolor físico, a la violencia, a la indignidad. Por eso creo que se deben tomar las medidas necesarias y estar preparados para una salida dulce.

¿Considera que la literatura puede ser una buena herramienta para afrontar un duelo? ¿Sirve la ficción para sanar heridas profundas en uno?

Absolutamente sí. Al respecto, muchas personas me han hecho saber que la lectura de mi libro “Del otro lado del jardín” les ayudó a afrontar un duelo, que fue para ellos una compañía y un bálsamo para su dolor.

 

Por último. ¿Qué nos puede adelantar de su último libro, “Deslumbramiento”?

La primera página del libro:

Ya se desprende la partícula del ser y la célula germinal es fecundada, ya la simiente —fina hebra que custodia la memoria de la vida— se escinde y multiplica, se arrastra, se adhiere y como un diminuto pez adormecido crece y cambia, ya arborece el cerebro donde el tiempo ha de pensarse, despunta el sexo y desciende en busca de su nicho el corazón, se fraguan el ligamento, el tendón, el maxilar, la vértebra, la osatura que se erguirá y que será volumen, sombra y un modo de gravitar sobre la tierra, ya se pule y colorea el mágico cristal del ojo y se labra la mano del contar, la que trazará el bisonte en la penumbra de la cueva, aflora el oído, se ahonda la garganta, se aboveda el paladar y se dibuja la boca del nombrar, ya se teje la piel con minucioso estambre y extiende su raíz el pie que medirá la noche, se decanta el perfil, se curva la mejilla y delinea la cara irrepetible, flota el cuerpo ungido de tibieza y nutrido por jugo maternal, ya se siente ceñido por la oquedad que lo acoge, rompe la burbuja amniótica, estruja con la cabeza el arduo trecho y se abre paso a la región del aire, ya asoma mínimo y azul, desnudo y tímido, rugoso y ensangrentado, suma fuerzas, aspira una bocanada y prorrumpe en un vagido de pavor y de victoria, ya la luz hiere el párpado, se ajusta la pupila, y, tras larga tiniebla, se despliega la mirada que ha de atestiguar y hacer poesía el Universo. 


Por: Simón Pérez. 

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