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Del aula la falda

No es un secreto que para la mayoría de las mujeres, salir por la calle con alguna prenda que muestre su cuerpo, puede tornarse en una situación incómoda. El hecho de encontrarse con un hombre, que con palabras grotescas y gritos intimidantes, pretenda dañarnos el caminado, nos hace pensar dos veces si “queremos correr el riesgo”. Pero es que la indignación ha pasado a otro nivel, ya no tenemos por qué sentir temor de salir y pensar que seremos perseguidas por uno de estos sujetos que pretende acorralarnos con su mirada.

En esta ocasión no entraremos en detalle sobre algunas de las situaciones en las que los hombres, al igual que nosotras, deben liderar. Es claro que, en la sociedad colombiana, el irrespeto y la agresión entre hombres y mujeres es abrumador. Sin embargo, esta vez hablaremos sobre esa culpa que sigue recayendo sobre nosotras, en una sociedad que aconseja a las mujeres para evitar el acoso, la violación y el maltrato, en lugar de enseñar a los hombres que no somos un objeto sexual y que nuestra integridad se ve afectada.  Esto se ha naturalizado, y tenemos que sentirnos libres en el metro, en el estadio, en el cine, pero… ¿pensaron que nos libraríamos de las universidades? Pues al parecer, no.

“No es para tanto” “¡Feminazi detected!” “¡Yo creo que no tiene que mandar ninguna guía de vestuario, cualquier mujer sabe que a la universidad no se va de minifalda por varias razones!”. Estos y otros comentarios generaron polémica en redes sociales, el pasado martes 7 de febrero, después de que la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín enviara un comunicado a sus estudiantes en el que “sugería” una forma de vestirse. Pese a que algunos medios lo tomaron como una simple recomendación de protocolo, la principal razón esgrimida por las autoridades universitarias era que: “no hay nada más incómodo que distraer la atención de tus compañeros de clases y profesores, para esto te sugerimos evitar utilizar escotes profundos, faldas cortas o ropa muy ajustada al cuerpo”. Algo que a todas luces no evoca al espacio universitario como santuario del libre desarrollo de la personalidad.

Este comunicado dio lugar a que  Mariana Uribe, Susana Rave y Margarita Restrepo, estudiantes de séptimo semestre de Comunicación Social de la misma Universidad y apasionadas por los temas de género, no se quedaran calladas e hicieran posible una movilización que significó mucho más que vestir de falda. 

Lo impresionante de estas mujeres es lo mucho que impactaron al  país, incluso el mundo, de cuenta de la BBC, recibió un poco de información sobre lo que estas estudiantes habían generado en su universidad: un debate sobre la mujer y cómo hoy se le sigue catalogando de víctima y causa del acoso, incluso por algo tan sencillo como la forma de vestir.

La causa que dio origen a la campaña dista mucho de lo que los medios comentaron en un principio, la versión que justificaba lo dicho por la UPB a razón de que a una estudiante le habían alzado su falda, fue un suceso que ocurrió después del polémico comunicado que emitió la universidad.

Esta historia, aunque efímera y confusa, fue necesaria y demostró que cada vez se recorre más camino en el campo del feminismo. Cada vez somos más los que nos interesamos porque una pequeña causa se convierta en una sola voz. Margarita es clara cuando admite que este tipo de comunicados cultivan una cultura en la que culpan a las mujeres cuando son violadas, maltratadas, acosadas. Agrega también que pequeños gestos aportan en mayor o menor escala a la violencia contra la mujer. #UPBenFalda fue más allá de un “yo puedo irme en falda o cómo quiera a la universidad”, realmente es movilizarse frente a una sociedad patriarcal y orientada por valores que victimizan y criminalizan la libertad femenina.

El hecho de que nuestra sociedad reprima los sentimientos de los hombres y no les permita manifestarlos de forma natural sin ser señalados como unos desadaptados sexuales, da a entender también que los hombres no pueden detener las instituciones limitantes y segregadoras que los rigen.  “Lo que me da mucho susto es la gente que no ha interiorizado nada sobre el tema. A veces las cosas pierden mucha relevancia por ese mismo eco de moda”, menciona Susana.

Ya sea en el hogar, en la calle o en los conflictos armados, la violencia contra las mujeres es una pandemia mundial", indica ONU Mujeres, entidad de las Naciones Unidad para la igualdad de género y el empoderamiento de la Mujer. Según esta organización en colaboración con UNICEF, hasta 2016 más de 40.000 mujeres reportaron ser víctimas de acoso sexual, de las cuales 6.000 niñas fueron víctimas de agresión sexual.

Existen múltiples investigaciones con el fin de poner en alerta a las instituciones que deben proteger a las mujeres y esforzarse en corregir la violencia de genero. Por su parte Juliana Toro, antropóloga de la Universidad de Antioquia, expone en su investigación: “Mujeres a la calle”, un significado claro sobre lo que han sido las agresiones que se clasifican como acoso sexual: conjunto de prácticas cotidianas, como frases, gestos, silbidos, sonidos de besos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos (a pie o en auto), entre otras, con un manifiesto carácter sexual”. Siguiendo la postura de Toro, ¿somos las mujeres las culpables de acosos y violaciones?

El conflicto de la UPB, según lo menciona Margarita, radica en que este comunicado debió estar enfocado a la educación y no a la represión. Sin embargo, estas tres estudiantes han movido pasiones, y realmente merecen ser reconocidas por su valentía de enfrentarse a miles de comentarios que señalaron negativamente su movilización como una “causa sin sentido”, demeritando que logró unir tanto a hombres como a mujeres en una movilización que cautivó, reanimó pasiones y traerá repercusiones a futuro.

Y es que las mujeres hemos tenido que lidiar con muchas situaciones desagradables e incómodas y todavía queda un largo camino por recorrer.  No queremos ser más objeto de acoso en las calles, no queremos que bajo pretextos religiosos seamos nosotras quienes tengamos que cerciorarnos de no seducir a los hombres, y sobretodo no queremos seguir escuchando “¡no te pongas eso que pareces puta!”. Lo que sucedió la semana pasada en Medellín no es un cuento por moda, en realidad debemos pensar en el trasfondo de esta situación y crear muchos más #UPBenFalda. 



Manuela Gutiérrez Valencia

Estudiante de Ciencias Políticas Eafit. 

Equipo directivo Bajolamanga.co


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