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La seguridad en la era Fico


Medellín es, sin duda, una de las ciudades latinoamericanas más complejas en materia de seguridad. Su historia permite evidenciar un recorrido que se debate entre el dolor y la esperanza; entre el pesimismo y el optimismo. Esta ciudad, que fue catalogada como la más violenta del mundo a comienzos de la década de los noventa, ha atravesado una serie de cambios que la posicionan como ejemplo de transformación a nivel mundial.

Una idea a largo plazo del modelo de ciudad, un respeto por los procesos iniciados por cada administración, la articulación de actores institucionales y no institucionales, entre otros factores, permitieron cambiarle la cara a la ciudad. Desde inicios del presente siglo, vivimos en una Medellín más segura. Aun así, los modelos se agotan, las dinámicas cambian y repensarse resulta imprescindible. He aquí el reto de esta Alcaldía.

El ánimo de este artículo no es realizar un ejercicio retrovisor y comparar las diferentes administraciones. Por el contrario, se tiene como propósito exponer algunas cifras y hacer un corto análisis referente a la seguridad en Medellín desde que Federico Gutiérrez asumió el cargo como Alcalde. El lector será el encargado de hacer su análisis y sacar sus conclusiones. 

Tras dos años del gobierno de Federico Gutiérrez, las cifras referentes a seguridad son preocupantes. Según información otorgada por el Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia de Medellín –SISC–, el número de homicidios en el 2017 fue de 581 personas, 37 casos más que en el 2016. Respecto al hurto[1], este también aumentó: de 22144 casos en el 2016, pasó a 23807 en el 2017, una variación del 8% (1663 casos más). Y otra cifra preocupante: en el 2017 se reportaron 66741 riñas, 15218 casos más frente a los 51523 reportados en el 2016, es decir, una variación del 30%.

Referente a los homicidios en el 2017, 520 casos correspondieron a hombres y 61 a mujeres. El mayor número de las víctimas fueron jóvenes entre los 18 y 28 años, con un total de 243 homicidios; la comuna con la concentración más alta sigue siendo La Candelaria - Centro de Medellín. La mayoría de los casos –318– están relacionados con grupos delincuenciales organizados (GDO), y un importante número –ocupando el tercer puesto en la caracterización– correspondió a problemas de convivencia, con 90 casos. No solo el crimen organizado es el responsable de las muertes en la ciudad, la incapacidad de convivir y entender al otro es un tema que debe ser protagonista en la agenda pública. La tasa de homicidios por cada cien mil habitantes durante el 2017 fue de 23.16 casos, de seguir así, la meta de llegar a una tasa de 15 homicidios será muy difícil de alcanzar.

Al hacernos la pregunta: ¿por qué nos estamos matando?, la respuesta no parece tan sencilla. Aun cuando el mayor número de los homicidios se relacionan con los GDO, 98 de los casos aún se encuentran en proceso de categorización. Si bien Medellín cuenta con un gran sistema de información que permite hacer mejores diagnósticos, todavía se evidencian falencias en la manera como las diferentes fuentes recopilan la información y describen los hechos sucedidos. Articulación y reglas de juego claras resultan imprescindibles para un ejercicio más juicioso y provechoso para la ciudad. Por lo anterior, quedan dudas cuando se afirma que el incremento de los homicidios se debe al reacomodo de las bandas, a la captura de cabecillas y a las venganzas entre combos. Quizá aún no se tenga la información –cuantitativa y cualitativa– suficiente para realizar ese tipo de aseveraciones.

Pasemos a otro punto. Cuando se habla de seguridad, parecen existir dos caras: la estadística y la perceptiva. A veces la percepción de inseguridad es contraria a la mejoría en las cifras. Por ejemplo, el 2015 fue el año menos violento[2] del presente siglo en Medellín, pero la ciudadanía no lo sentía así. Bajo el argumento de la percepción, que no es para nada despreciable, Federico Gutiérrez hizo de la seguridad su bandera de campaña y, posteriormente, de gobierno. Tanto así, que en su Plan de Desarrollo Medellín cuenta con vos 2016-2019, se explicita: “el nivel de percepción de seguridad (qué tan seguros se sienten los ciudadanos) y el nivel de victimización (si los ciudadanos han sido o se han sentido víctimas), serán los indicadores que orienten nuestra gestión y que nos permitan observar los avances en materia de seguridad en la ciudad” (PDM, 2016-2019:178). La meta es ambiciosa, se pretende pasar de un 57% de percepción de seguridad a un 100% al final de su mandato.

Resultaría contraproducente que el nivel de percepción de seguridad incremente cuando los delitos que hacen sentir inseguros a los ciudadanos van en alza. Ya se ha hablado del homicidio, pasemos al hurto, específicamente al hurto a personas. Este delito pasó de 13336 casos en 2016 a 16898 en 2017, un incremento del 27%. Si bien es cierto que los hurtos a carros, motocicletas y establecimientos comerciales disminuyeron, el hurto a personas corresponde al 71% del total de los hurtos cometidos en el 2017, y es aquel que genera mayor sensibilidad ya que involucra de manera directa a las personas y despierta en ellas sentimientos de miedo y desconfianza.

A dos años de la administración de Federico Gutiérrez, los resultados en seguridad no son los esperados y es hora de preguntarse qué está pasando. ¿Serán las estrategias planteadas las correctas?, ¿los métodos utilizados serán los adecuados?, ¿la concepción de esta administración de cómo debe ser combatida y abordada la inseguridad es la apropiada? Sin duda, existen más preguntas que respuestas. Pero, si de algo hay certeza es que Medellín tiene un enorme reto: repensarse.



[1] Las cifras expuestas hacen referencia a las siguientes seis conductas de hurto: [1] personas, [2] carros, [3] motocicletas, [4] residencias, [5] establecimientos comerciales, [6] entidades financieras. 

[2] Se hace referencia a la violencia homicida, principalmente.[1] Las cifras expuestas hacen referencia a las siguientes seis conductas de hurto: [1] personas, [2] carros, [3] motocicletas, [4] residencias, [5] establecimientos comerciales, [6] entidades financieras. 

[2] Se hace referencia a la violencia homicida, principalmente. 

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