La Escuela Joven de Investigación Social, comunas 8 y 14: una experiencia transformadora

La Escuela Joven de Investigación Social de las comunas 8 y 14 fue una iniciativa de Sello Joven de la Alcaldía de Medellín, realizada con recursos de Presupuesto Participativo y ejecutada por la universidad CES. Este proceso, que reunió a diferentes jóvenes habitantes de las comunas mencionadas, estuvo cargado de sorpresas que lo convirtieron en una experiencia única.

No dudaría al afirmar que la ciudad de Medellín hizo una excelente apuesta en lo que respecta a este proyecto. Abrir estos espacios crea una identidad como ciudad y genera interacción entre los habitantes sin importar sus diferencias. Presupuesto Participativo nos brindó, a varios afortunados, una oportunidad única con la Escuela Joven de Investigación Social, para que entendiéramos el valor que tiene la investigación social (aquella cuyo objeto de estudio es la comunidad, su apropiación del territorio y sus dinámicas) y adquiriéramos las herramientas para realizarla.  Así pues, la destinación de recursos para estas iniciativas construye ciudad y fomenta la democracia formando sujetos críticos, libres y tolerantes.

Esta experiencia, más allá de los asuntos teóricos y prácticos de la investigación, se constituyó en la oportunidad de conocer a esos otros que habitan con nosotros el territorio del Valle de Aburrá y que muchas veces simplemente desconocemos por la falta de espacios de encuentro. Nos sacó a vivir el entorno. Nos ayudó a entendernos a nosotros mismos y a generar empatía por los demás. Fue, más allá de todo lo anterior, un espacio y  un momento en el que diferentes personas, preocupadas por los demás, se relacionaron y lograron conformar un grupo de jóvenes inquietos con la intención de interactuar con su ciudad, con todos sus habitantes, de aprender constantemente. En pocas palabras, la Escuela Joven de Investigación Social propició el siempre mágico encuentro de un conjunto de jóvenes viviendo intensamente la juventud.

Les agradezco a los chicos y chicas que conocí en este lugar. Son para mí una luz de esperanza. Hoy estoy seguro de que, así como ellos, hay otros jóvenes en la ciudad con la intención de llevar una vida diferente, acorde a su verdadero potencial, a su identidad. Una vida en la que se busque el bienestar de otros y se persiga la felicidad y la libertad. Jóvenes que necesitan de espacios participativos e interactivos para desarrollar todas sus capacidades.

A los que conocí les pido que continúen con esa energía vital que tienen, que la transmitan a los demás. Nunca permitan que la hostilidad del mundo actual apague esa luz inspiradora que cargan. Continúen investigando, recorriendo este mundo y siendo jóvenes sin importar la edad.

Gracias a la Escuela volví a ver el mundo con fascinación; una fascinación que hacía tiempo no sentía. Pensé que estaba solo en un país lleno de indiferencia, carente de asombro y curiosidad, que odia y rechaza lo diferente; un país insensible. Ahora veo el pasado con tranquilidad y siento esperanza por el futuro. Y esta esperanza se la debo, me enorgullece decirlo, a mi encuentro con estos jóvenes a los que les sobra entusiasmo por vivir.

 

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