CARILDA OLIVER LABRA*, cuando arde el cielo de Matanzas

 Por: Jeimy Elena Mesa L.


*Carilda Oliver Labra. Matanzas, Cuba, 1924. En 1950 ganó el Premio Nacional de Literatura Cubano, y desde entonces su poesía ha sido ampliamente difundida y reconocida con numerosas distinciones y premios. Conocida en Hispanoamérica a partir de su libro Al sur de mi garganta (1950). Ha publicado también: Memoria de la fiebre (1958), Preludio Lírico (1943), Se me ha perdido un hombre (1991), entre otros.

“Profunda como los metales, dura como el altiplano, su poesía, de ser divulgada con justicia, pronto ejercerá ardiente magisterio en América”. [1]Gabriela Mistral

Al salir de Matanzas puede sentirse un aire de zozobra; recuerdo aquellas letras de Alejandra Pizarnik, que uso porque hay cosas ya dichas que nadie más podrá nombrar con la fiereza del poeta: (…) querer quedarse queriendo irse[2].

–Y ¿qué haces en Matanzas?

Vengo a encontrarme con Carilda Oliver Labra, y ya son tres artistas quienes me acompañan en el ánimo y la templanza, en el estruendo del tic tac que marca las cuatro de la tarde y la velocidad impaciente de mis pasos hacia la Calzada de Tirry; no era difícil llegar, todos saben dónde vive Carilda, y así cada uno sabe dónde vivirá eternamente; ese lugar que solo puede situarse en las entrañas, allí donde también  reposan el amor y el miedo.

Había llegado a Cuba un viernes al mediodía y desde la ciudad de los contrastes –La Habana seca, profundamente seca, rodeada de mar–  tomé el teléfono para llamar a su esposo y solicitar un encuentro con la poetisa. Antes, desde Colombia, había logrado contactar con una escritora y editora cubana, amiga de un amigo­–todo eso hace la poesía–quien amablemente me había entregado un par de datos, su correo electrónico y su número de teléfono para que iniciara intrépidamente mi aventura; tal vez, me dije, tal vez.

El cuarto día ya era lunes; supe esperar hasta cerca de las diez de la mañana y entonces se escuchó en Matanzas el primer ring de mi llamada; una voz contestó del otro lado del teléfono:

­–Buenos días, bienvenida a Cuba.

Nota de Bajolamanga: Haz click aquí para leer la crónica completa




[1] En_ http://www.cubaliteraria.cu/autor/carilda_oliver/index.html


[2] Fragmento de poema, Querer quedarse queriendo irse. Alejandra Pizarnik. Aproximaciones (Buenos Aires, 1956-1958).



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