Plazarte : un barrio Prado para el arte

En la última semana del 2017, mientras la atención de la ciudadanía estaba dispersa en las festividades propias de diciembre, se produjo el violento desalojo, mediante el uso de la fuerza por parte del ESMAD, de una casa patrimonial en el barrio Prado, donde desde hace nueve años se venía adelantando una programación cultural y artística de forma ininterrumpida y coordinada por el colectivo principal que usufructuaba la casa: la Corporación Plazarte.

Plazarte, en cuanto corporación y sede física, ha tenido un protagonismo importante en el entorno cultural de Medellín en la escena independiente y alternativa. No solamente ha promovido distintos eventos y programas, sino que en este espacio otros colectivos han encontrado la posibilidad de llevar a cabo sus eventos y han encontrado un grupo dispuesto a acompañar su realización. Por dar algunos ejemplos, en este espacio se ha tenido a: el Festival de Cantautores Latinoamericanos “Tesituras” y los Ciclos De Cine “A La Brasa”. Además ha fomentado también programas de residencia artística para artistas locales y de otras partes del mundo, entre otras iniciativas.

Al dedicarse a la dinamización de la cultura y el arte independiente, este colectivo ya representa un valor incalculable para la ciudad. De la misma manera, en los últimos años, Plazarte ha desarrollado una ardua labor de investigación, divulgación y protección del “polígono de conservación urbanística del barrio Prado”, consolidándolo de esta manera desde los planes de ordenamiento territorial y en el Decreto #729 de 2007. Gracias a lo anterior, Plazarte había venido impulsando una serie de propuestas de apropiación cultural en el barrio y su patrimonio, a pesar de que dicha labor correspondería a sectores de la Alcaldía, Plazarte, como colectivo, venía volcado a la propuesta pública: “Prado para el arte”.

En el año 2011 ocurren una serie de situaciones que marcan el comienzo del lío jurídico que lleva al desalojo que tuvo lugar en diciembre. Según el informe de los colectivos que conforman Plazarte (publicado en Facebook el 31 de diciembre del 2017), la corporación fue constituida por acta con aprobación de estatutos en abril del 2011 y registrada en Cámara de Comercio en junio del mismo año, donde el inmueble entraba como parte del patrimonio inicial, entendiendo de buena fe que en adelante quedaban como poseedores de la casa. Sin embargo en el mismo año 2011, en septiembre, según la Sentencia 005/2015 que dictaminó el desalojo, ocurrió la venta de la casa a la “Fundación Obra de Jesús Pobre”, una entidad que trabaja en la asistencia a habitantes en situación de  calle y de la que ha sido imposible obtener mayor información.

Coincide también en el 2011, que la Alcaldía de Medellín publica el 2 de diciembre, un informe llamado “Prado Centro sector de interés patrimonial y su actividad inmobiliaria”, donde plasma el panorama de ese barrio, ya reservado en el POT como lugar de conservación patrimonial según lo indica el mencionado decreto. En ese informe se precisa que uno de los motivos para que el barrio no sea de gran interés para el mercado inmobiliario es la cantidad de predios ocupados por habitantes en situación de  calle y desplazados, además de la vocación de conservación del patrimonio. Aunque el litigio que afecta la propiedad de la casa es ajeno a este informe y a las directrices del POT, la disposición del inmueble tras la venta va en contravía de lo que propone el urbanismo público para esa zona; contrario, a la tarea que venía adelantando Plazarte que sí se acercaba a dichas directrices municipales.

En el año 2014 se revisa el POT y allí el barrio Prado se mantiene como un área de valor arquitectónico con más de 250 inmuebles bienes de interés cultural (BICs), entre los cuales se encuentra la casa que habitaba la corporación Plazarte, así lo señala el plano del Subsistema de Patrimonio Cultural Inmueble.

Por ello, el desalojo de la corporación de la casa donde adelantaban sus actividades no es un mero detalle, sino el punto central del forcejeo físico del pasado diciembre. La labor de Plazarte no tiene el mismo y potente sentido si se realiza desde otro lugar. Plazarte, desde su ubicación, trataba de articular procesos para que, en lo que corresponde al polígono patrimonial de Prado Centro y lo establecido en el POT y los planes urbanísticos para el sector, no se quedaran en letra muerta. Las consecuencias que representa el desalojo, no solo en medio de un lío jurídico entre dos privados por una propiedad, sino en el servicio al bien común y a la vida urbana que prestaba el colectivo desde ese -y solo ese- lugar, podrá verse en los próximos meses. Las 9000 firmas de la acción popular adelantada en su defensa por usuarios del local y su programación y por vecinos de Prado, son muestra del cariño del sector por la actividad que desempeñaba el colectivo.

Un sitio como la casa de Palacé, entre las calles 59 y 60, y una labor como la realizada por el colectivo de Plazarte, eran dignos de acompañamiento por las Secretarías de Cultura, el Departamento Administrativo de Planeación y todos los demás órganos administrativos que tengan entre sus funciones u objetos el arte, el patrimonio y la llamada “revitalización” del centro de la ciudad, que mucho aparece en propuestas, pero no parece pasar a la acción concreta. Según las informaciones del colectivo, en los tres años que lleva de haberse dado la sentencia del desalojo no hubo ninguna alternativa propuesta o acompañamiento por parte de esos organismos.

Era evidente que la presencia de Plazarte y su actividad puertas para adentro y puertas afuera mejoraba todo el entorno del barrio, como un oasis colorido y cálido en medio de unas cuadras que en un primer momento generan temor, como se expresa en los mismos documentos oficiales sobre el barrio Prado. Aunque “la decisión judicial” exija dejar la casa, no parece existir una forma en la que el pleito por la propiedad abarque todas esas otras sensibilidades urbanísticas y topofílicas. Por eso, detrás del recurso de la corporación de que se respete el “derecho al debido proceso” y se les considere terceros poseedores, no demandantes ni demandados, está la defensa de mantener esos esfuerzos del colectivo reflejados en el barrio.

A Plazarte lo echarán de menos por allí: sus dolientes, sus vecinos, cualquiera que tenga alguna estima por el coqueto barrio Prado y aquellos que tienen el arte y la cultura como vocación. Por el bien de Prado y por consideración al empeño ciudadano en hacer cumplir el POT, la institucionalidad deberá acompañar y tener actitud propositiva hacia las corporaciones como Plazarte, antes de que nos lamentemos y “lloremos sobre la leche derramada”, como parece haber ocurrido en los últimos días del 2017.

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