CÁRCELES EN COLOMBIA

Marco Fidel Agudelo CanoPor: MARCO FIDEL AGUDELO CANO

Es necesario ser incluido en la lista de visitantes, una foto y registrarse en el sistema del INPEC con ocho días de anticipación para que un recluso, raso, haga uso del derecho a visita.

El día que decides visitar a tu amigo o familiar debes estar en chanclas, sin correa, billetera, celular ni dinero. Y bolsa en mano con los cariñitos familiares, iniciar el recorrido de dos o tres horas en fila donde, paso a paso, superas los siete controles necesarios para acceder a alguno de los patios donde te encontrarás, con quien ansioso te espera.

Un extenuante y lento recorrido colmado de sólo hombres  -los sábados- o mujeres y niños –los domingos- que se torna en viacrusis por los controles. La destinación del patio en el que estarás, la revisión en el registro carcelario, la inscripción de tu cédula, la revisión de posible ingreso de narcóticos, auscultar la comida, aun cuando va en vasijas transparentes, la detección de metales o cualquier elemento amenazante. Con cada control tu brazo derecho adquiere un nuevo sello, como estampa de tu confiabilidad, sello de garantía para la institución.

Adentro, y tras focalizar a tu objetivo en medio del bullicio y la multitud de presos y visitantes, se gesta el encuentro. ¡Este lugar es otro mundo! Baños húmedos y atestados en condiciones deplorables que sirven como dormitorios para los más desgraciados, un mercado persa en cada escalinata y pasillo de los muchos pisos que conforman cada uno de los patios del presidio, donde se mercadean chitos, papitas, ropas, agua y dicen que también licores, armas y drogas para los más avezados, en un ambiente de miradas amenazantes y desconfiadas que evitan al máximo ser cruzadas para no alertar a un posible agresor. Incluso, hay cuenta bancaria en cada patio para quienes quieran girar dinero a su ser querido. ¡Lo que necesite se le tiene y si no se le consigue!

Pasadas tres horas de visita, inicia el desalojo de aquel lugar cargado de las más diversas pasiones humanas y para lo cual, se repite el paso a paso de las revisiones que garantizan tu libertad. Estas de nuevo en la calle con el alma vacía y los pies desnudos. Muchos regresan ocho días después, otros, como yo, nos inventamos excusas para no volver a pisar ese desalmado lugar. Y así se van perdiendo en el olvido amigos y familiares tras una reja que, culpables o no, -porque al parecer son muchos los que no-, son personas que viven y sufren lo que habita en esas locaciones cargadas de olvido, violencia, ilegalidad y odio.

“Si está allá es porque algo debe” sentencian los sabiondos cotidianos. La historia con sangre nos ha enseñado que no es así, que en este país se mata, destierra o encarcela a quien estorba en el camino del poder.

La cárcel y sus presos: el dilema de la libertad y la legalidad, la institucionalidad que salva el cuerpo y castiga el espíritu según Foucault; castrando la libertad garantizada por los derechos civiles, aquellos quitados cuando se es preso.

¿Usted ha estado allí? ¿Conoce un centro penitenciario? ¿Ha pasado los controles necesarios para visitar a un familiar? -Dicen que son peores para las mujeres- ¿Conoce hijos creciendo con la deshonra de un padre preso? ¿Ha tenido la sensación de muchedumbre, hostilidad y zozobra al interior de un presidio?

Son muchas las dificultades que está afrontando el sistema carcelario colombiano: insuficiencia de guardia penitenciaria, escasas locaciones, inseguras, viejas y tecnológicamente obsoletas, altos niveles de inseguridad y corrupción entre sus funcionarios, insuficiencia de servicios públicos y de atención en salud, poco o nulo control para el ingreso de armas, drogas y celulares, justicia diferenciada para los reclusos de acuerdo a su estatus económico, procesos de sindicados retenidos por largos períodos en los juzgados, alteración de pruebas.

Y ni qué hablar de los escándalos que de allí se derivan:  fiestas de presos y guardias, permisos exclusivos a los más influyentes (caso Hermanos Nule)[i], privilegios para militares, amenazas o atentados a periodistas, “paseos a sitios turísticos y piscinas, permisos de varios días para ir a casa, reclusos que se la pasan de compras en Bogotá” (caso Tolemaida)[ii], hacinamiento, fugas, tráfico de influencias, cuadriláteros de boxeo y apuestas organizadas por jefes (caso Cárcel Modelo de Barranquilla). Los presos pertenecientes a proceso de justicia y paz pueden tener computadores con Wifi, celulares y justicia diferenciada.

Aquí nos enfrentamos a grandes e históricos dilemas: culpables que no lo son y su situación sin resolver, delincuentes de lesa humanidad disfrutando privilegios otorgados por un sistema corrupto, condiciones infrahumanas, negligencia gubernamental, población de sindicados creciendo, un sistema de justicia convenientemente anquilosado y altos costos en la administración penitenciaria en el país ($527 mil millones ejecutados al 2012).

Surgen muchas preguntas: ¿Cuál es la estrategia del Estado colombiano para enfrentar el incremento de población carcelaria?, ¿Dónde albergarán los posibles nuevos huéspedes carcelarios derivados del proceso de paz?, ¿Por qué muchos reclusos prefieren permanecer en prisión?, ¿Es rentable para una sociedad encarcelar un porcentaje tan alto de su población?, ¿Es eficiente la administración de justicia del país?

Considerando que el INPEC es una entidad del orden nacional y regulada por Procuraduría, Contraloría, DAFP, MinJusticia, MinHacienda, Congreso de la República y Oficina de Control Interno, ¿Qué explica su cadena de corrupción al interior?


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4 pensamientos en “CÁRCELES EN COLOMBIA

  1. gloria zapata dice:

    lastimosamente en nuestro país se ve como la injusticia reina, donde inocente por falta de dinero están “pagando” por cosas que no hicieron y donde personajes que deberían estar allá anda campantes haciendo de las suyas.
    marco me sacaste lagrimas, este tema se acerca a mi situación.

    • Marco Fidel Agudelo Cano dice:

      Gloria, gracias por leer el artículo, lo que expresas es otra evidencia más del problema de fondo en la administración de justicia en el país.

  2. Gabriel E.Molano Z. dice:

    Marco, excelente artículo. Quizá (solo como observación, nada más), le añadiría cifras y porcentajes cuando dices que es una buena parte de la población, solo para que aquellos como yo, que sabemos del caso porque ha sido muy mencionado en los medios, pero que no tenemos clara la información. La parte sobre el proceso para entrar y salir y el contexto en el que se hallan los presidiarios, es infinitamente lastimoso, a través de este artículo se pude vislumbrar esa parte humana,que diferencia a otras informaciones muy sesgadas y sensacionalistas. Gracias por este necesario punto de vista.

  3. Marco Fidel Agudelo Cano dice:

    Gabriel gracias por leerlo, me parece muy pertinente tu observación, lo tendré en cuenta para los próximos.

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